[Editorial] A 25 años del Surfer Rosa de Pixies – FILTER México
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Tras haber creado una bomba con su EP debut, Come On Pilgrim, la banda originaria de Boston, Massachussets, se dedicó a grabar su primer trabajo de larga duración a finales de 1987.

Bajo el nombre de Surfer Rosa, el puro arte del disco (en el que se incluían magníficas fotos tomadas por Simon Larbalestier), incitaba a tenerlo entre las manos. La musa semidesnuda de la portada era una provocación a las “buenas costumbres” que en 1988 todavía no entendían cuál era el rumbo de la música en aquel entonces, cuya escena se veía plagada de bandas new wave y pop de corta duración.

Pero con los Pixies y este disco, llegaba toda una revolución sonora que contagiaba a otros futuros músicos que tiempo después veríamos con sus bandas explotar otros géneros (bien sabido es que los integrantes de Nirvana han reconocido ser fans y haber “tomado” algunas ideas musicales de canciones de Pixies).

El caso es que Surfer Rosa, álbum producido por Steve Albini, quien se convertiría en una especie de “quinto Pixie”, y editado por la 4AD, vino a posicionarse en la escena underground estadounidense y también inglesa, como un material clave que cambiaría las estructuras musicales de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Con una grabación que de inmediato nos hace imaginar estar escuchando a la banda en un garage, cada rola va siendo un entretejido único que no deja ningún cabo suelto:

“Bone Machine”, inicia el debraye con la batería de David Lovering somera que va encontrando en el camino al bajo y la guitarra de Joey Santiago, mientras juntos se elevan al compás de las voces de Black Francis y Ms. John Murphy (nombre que tenía Kim Deal en este álbum).

“Break my body”, una bella rola cargada de letras que hablan de la mutilación comienza a sentirse como una debacle que ilumina el cielo de los deprimidos.

“Something against you”, al más puro estilo punk es un delirio hecho y derecho que no permite descanso auditivo sino todo lo contrario, dan ganas de levantarse y destrozar algo.

“Broken face” es una muestra más de los cambios de ritmos en los cuales los Pixies han basado mucho su música con grandes resultados, con la guitarra como sonido principal y los gritos desesperados de Francis en los momentos álgidos.

“Gigantic”, a la larga se convertiría en un clásico, casi himno de los Pixies. Es una canción co escrita entre Francis y Deal, que habla de situaciones tan emocionantes y divertidas (depende de cada quien), como el voyeurismo.

“River Euphrates”, nos regresa a la tranquilidad sonora que, de la misma forma provoca que los ánimos se eleven en distintos puntos de la canción.

“Where is my Mind?”, no hay mucho qué decir, una canción bella, melancólica, clásica, provocadora, surrealista, culpable de la existencia de otras rolas como “Smells like teen spirit” de Nirvana.

“Cactus” podríamos considerarla como el inicio de una segunda parte dentro del disco, porque al igual que “Bone Machine”, comienza pausadamente pero ahora con la guitarra como iniciadora del caos.

“Tony’s Theme” es una joya de la diversión, pone de buenas.

“Oh my Golly!” en poco menos de dos minutos lleva de nueva cuenta a contraer la energía y expulsarla sin siquiera cerrar los ojos.

Se incluye después “Untitled”, un track en donde Black Francis repite una y otra vez: “You fucking die!” y que se ha comentado, se lo decía en tono de broma al productor Steve Albini, no podía haber mejor preámbulo que éste para que llegara…

“Vamos”, otra de las obras maestras de los Pixies en su carrera; una muestra de la majestuosidad con que Joey Santiago toca la guitarra y los sonidos que puede lograr con este instrumento. ¡Puro poder!

“I’m Amazed”, que también comienza con una conversación entre Francis y Deal, parece una continuación muy acertada de “Vamos”, sigue siendo poderosa, desesperante y ruidosa a más no poder.

Y por último “Brick is red”, que redondea a la perfección este disco. Es ligera, una guitarra acústica se escucha en segundo plano, mientras los demás instrumentos generan el momento más amigable de todo el disco, cerrando con broche de oro este gran material.

Este es un pequeño homenaje a una de las mejores producciones de la historia del rock que hoy cumple un cuarto de siglo de haberse creado. Es un sentido réquiem a seguir disfrutando esos clásicos que hoy deberían estar en nuestra colección musical.

-Milton Barboza Arriaga

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