Ache celebró 7 años en SXSW con Chicano Batman

Llegó una nueva edición del SXSW, el festival hecho en Austin, TX, que reúne propuestas creativas alrededor de la música, la tecnología y el cine. Junto con ella, se celebraron siete años ininterrumpidos en los que Ache, central mexicana independiente de creatividad y entretenimiento, y creadores de experiencias musicales como Bahidorá, Bestia Festival, Bravo, y promotora de conciertos en México como Beirut, CocoRosie, y UNKLE, presenta los sonidos latinoamericanos y locales más frescos en el marco de su propio showcase.

El cartel presentó nombres como The Chamanas de Tijuana, Y La Bamba de Portland con raíces mexicanas, Ela Minus de Colombia, Gabriel Garzón-Montano de Nueva York con raíces colombianas, Devon Gilfillian del sur de Estados Unidos, y a Chicano Batman de Los Angeles.

La sede fue el bar Lucille, ubicado sobre Rainey Street, una calle al sur del centro de la ciudad y una de las más concurridas del festival. A lo largo de ella hay bares y foros de los que salen acordes, risas y ese caos que sólo produce la música en vivo.

Lucille es una casa pequeña hecha de madera en el centro de un patio. Al salir por la puerta trasera te encuentras con el escenario viendo hacia la barda posterior. En el lugar hubo una mezcla de personas latinoamericanas (algunos vivían en Estados Unidos, otros venían de México, Colombia, Puerto Rico, y Chile) y gente de Texas, Chicago, Nueva York, etc.

Los grupos cumplieron a la altura que merece un festival como el SXSW, siendo de lo más destacado lo que hicieron Devon Gilfillian, con ese look que recuerda a un joven Otis Redding, rasgando su guitarra para crear música perfecta para un road trip.

Siguió Gabriel Garzón-Montano, cuya música se puede traducir como una reinterpretación muy joven y latina de Prince: R&B que se ayuda del funk para contonear caderas.

El show fue cerrado por Chicano Batman, un quinteto angelino con raíces mexicanas que logran una mezcla muy divertida de baladas latinas, rock, soul, y sicodelia tropical. Todos estaban vestidos como chambelanes mientras abajo del escenario la gente no paraba de bailar y aplaudir.

Sin duda, la riqueza de SXSW es su diversidad, por eso es sumamente importante que este tipo de showcases se sigan llevando a cabo en un esfuerzo para crear una embajada musical que le muestre a Austin y el mundo, lo que sucede del otro lado de la frontera.

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