Track by Track: ‘Samuel’ de Lázaro Cristobal Comala – FILTER México
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Con el fresco lanzamiento de su nuevo álbum titulado Samuel, el mismo Lázaro Cristobal Comala nos preparó un detallado track by track para que conozcamos a detalle la historia detrás de cada uno de los temas que le dan vida a esta producción.

Para que acompañen su lectura, denle play al álbum después del salto.

La Tornaboda

Dice Pedro y el Lobo que es la canción más feliz que he escrito. Yo digo que no; es de las más tristes (esa es la belleza de la música tradicional: poder contar derrotas con acordes mayores y ritmos bailables). La canción cuenta la resignación de vivir de la jornada laboral: los días de asueto, las quincenas, las horas de salida; no hay más. Ahorrar para poder vivir, para poder gastar, comprar; hacer promesas y finalmente no lograrlas (hay derrota ahí).

Una boda que no se hizo, una salida que no se dio, una cena que tampoco; un mar, un altar, un hotel, una fiesta que no se lograron. Este fracaso abre el disco. Es el plan que no salió, y por lo tanto la razón para las depresiones que se cantan en las siguientes canciones.

“Estar sobrio”

Comencé a ir al psiquiatra, me dio un plazo para recuperar algo de mi salud mental a mediados de abril, pero debía ser constante y dejar el alcohol. Mi mamá me dio terribles consejos (se puso del lado de mi ex), todas las noches soñé que mi gato se suicidaba saltando por la ventana. Escribí esta canción estando sobrio (el peor estado en el que uno puede pasar la noche). Ha sido la canción más difícil que he escrito no por la canción misma, sino por mi completa conciencia y abstinencia en la que estaba entonces. La única del disco que escribí así. Noche pelona como los cerros de mis pensamientos.

Estoy poniendo todo de mi parte

Escribí una lista de las formas en las que uno puede quitarse la vida: por monóxido de carbono encerrado en el coche, colgado, por las venas, y entonces se me ocurrió hacer una canción usando esa lista. Tenía las estrofas y el título (otra vez se me hizo interesante y gracioso hacer una contradicción con un título positivo y una letra pesimista) pero me faltaba el coro.

Descubrí a Budaya, ponía sus videos en la madrugada y bailaba. Supe que Maya Piña, la vocalista, era de Durango pero vivía en León, supe que teníamos muchos amigos en común pero nosotros no nos conocíamos; e inmediatamente quise que ella cantara en mi canción. Así que hice una referencia a esa zona del país donde yo también viví un tiempo: Guanajuato. Metí la palabra “Cuévano” en el coro y salió solo. Platicamos de madrugada, le mandé la canción, le gustó y quedamos en grabarla. Somos dos duranguenses fuera de Durango. Ella en la práctica; yo en teoría.

“Estoy poniendo todo de mi parte” es mi “Not dark yet”.

“Samuel”

Mi papá huyó de la ciudad sin decirle a nadie. Ese golpe avisó que pronto todo iba a estallar, lo digo en el coro y lo escribí antes de que todo lo que pasó en 2018 pasara. Lo predije, así como Sixto Rodríguez se predijo en “Cause”. Las cosas que estallaron a partir de esa huida las canto en la siguiente canción (el orden de las canciones de Samuel sí tuvieron una planeación en la edición final. Sí hay una historia y un orden de acontecimientos).

“Canción al Bupropión”

Le pregunté un día a Negro si él podía escribir bajo medicamentos: me dijo que no, que los dejaba cuando quería o necesitaba componer. Yo no podía dejarlos, y al mismo tiempo no podía escribir canciones; así se me ocurrió la línea “no puedo escribir una canción” escribiendo una canción. Y logré componer una canción.

“Canción al Bupropión” es una lista/resumen de todo lo que me pasó en el 2018: mi papá, mi impotencia sexual, mi roce con mis vecinas, mi pelea con mi hermano, las pesadillas de mi gato matándose, mi cambio del alcohol por la marihuana, y sobre todo el día que conocí a Nacho Vegas.

“La lucha en la que andamos”

Mi sobrina de 12 años me habló un día y me dijo que pronto cumpliría años, que quería que le escribiera una canción y se la regalara. Lo dejé enfriar un rato y en una de las tantas madrugadas bajoneadas del 2018, mezclando mota y alcohol y Zoqualo, se me ocurrió que lo único que le podía decir en una canción era pedirle perdón por mi familia.

“Fin de raza”

Es un homenaje a la familia Panero por un debate que tienen en El desencanto , sobre si vale la pena o no perpetuar la familia con tus errores y demonios, la sangre, tener hijos. En el coro le digo a mis padres que no vale la pena, que lo arruinamos para los que siguen. Intenté que un amigo guitarrista de Durango grabara el solo, pero por tiempo no se pudo hacer
y al final se quedó el solo de guitarra eléctrica que yo grabé. No hacía un solo desde hace casi 20 años.

“Niños tristes de Durango”

Toqué una vez en un bar, las paredes tenían ventanas grandes y desde el escenario podía ver hacia la calle. En eso llegó un grupo de chavitos, unos 5 6; iban a verme pero no los dejaron entrar porque eran menores de edad; no tenían credencial. Se quedaron afuera escuchando, y creo que eso volvió a pasar meses después en otro bar, en otra tocada. Eso fue hace años; y una noche, no hace mucho, en mi casa, mezclé Lyrica con Zoqualo y Jim Beam; voltee hacia la viga que está en mi sala y le quité la correa a mi guitarra, cuando vi una publicación en Facebook: “Somos los niños tristes afuera del bar intentado escuchar a Lázaro Cristóbal Comala”. Unos minutos después un amigo me manda un mensaje: “guey, ¿recuerdas a uno de los chicos tristes que hace poco nos grabó?… murió”; de alguna forma me afectó, algo había en el aire. Además de él, dos amigos se colgaron; y en lugar de irme hacia esa viga yo también, tomé mi guitarra, le volví a poner la correa y escribí ‘Niños tristes de Durango’ en 30 minutos. Fue pura fuerza externa, espiritual. Fue la canción volando por ahí, como el ser independiente que es, buscando ser atrapado.

“La amargura”

Se la escribí a mi hermano cuando murió Chavela Vargas. Él es dos años menor que yo y sin embargo me inició en la música realmente urgente. Me enseñó a Dylan, a Leonard Cohen, a Nacho Vegas, a Townes Van Zandt y por supuesto a Chavela Vargas. Un día tomó la decisión de irse a vivir a Morelia. Durango ya no tenía que ofrecerle. Me agüité, 1: porque era el único amigo que tenía aquí y, 2: porque iba a probar suerte allá y podría irle bien o mal: le fue mal y al tiempo se regresó. Pero la sufrió allá.

Una tarde iba caminando de regreso del trabajo a casa cuando me mandó esa noticia que ya esperábamos: Chavela Vargas había muerto. Llegué a mi casa, lloré un rato y salió La amargura. La grabé con mi celular y se la mandé. Él me enseñó la fotografía donde mi padre me está cargando (que usé de portada para este disco, y hoy 7 de junio que se publica el disco es su cumpleaños. Me gusta pensar que más que para mi papá, este disco es para él, para mi hermano.

“The ballad of Bono Corona”

Se la compuse a mi amigo Bono Corona, vive en CDMX. Escribí la última arte de esta canción como hasta un mes después de que tenía todas las estrofas. Me gusta este trabajar de la canción: que siempre se presenta cuando quiere y como quiere, no como uno quiere y cuando quiere. Después de reposar esta canción más de un mes, incluso después de que grabé la primera parte del disco en el estudio, salió el coro que creo que resume todo el espíritu del disco y con el que termina.

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