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COBERTURA

Hipnosis: La música puede más que el clima

Fotos Kross Scott

Hipnosis es un festival que rápidamente se hizo de su propia legión de seguidores que más allá de encontrar bugs en su alineación, el lugar o el simple hecho de tener que abandonar la ciudad durante un par de horas, siempre deposita toda su confianza en los organizadores para tener experiencias de calidad.

Y así ha sido, aún con las arduas batallas que ha tenido con el clima desde su primera edición, esto no ha impedido que cada año regrese con elementos que hagan que se sienta vital dentro de los festivales independientes que se hacen en el país (ok, quizá tiene sponsors, pero mantiene una independencia dentro del negocio).

Esto se debe a la sólida curaduría musical que tienen, pues luego de presentarnos headliners como Black Rebel Motorcycle Club y King Gizzard & The Lizard Wizard, en su tercera edición se pusieron las pilas para fichar los primeros conciertos de Stereolab en México luego de anunciar su sorpresivo regreso a los escenarios. Digamos que desde el inicio han tenido muy claras sus metas y establecieron una personalidad muy particular con la que los asistentes se han casado sin complicación alguna.

Por esa razón no importa que llueva todo el día o que el lugar esté atascado de lodo, pues son elementos que pasan a segundo plano cuando la música es el verdadero protagonista del festival y eso es algo que se agradece demasiado, pues en años recientes los festivales han ido pasando por una mutación donde se le resta importancia a lo que sucede sobre un escenario para enfocarse en los contenidos de Instagram. En Hipnosis pasa lo contrario, pues la gente llega desde temprano para ver bandas como The Darts y Sei Still; es un ambiente de camaradería que comparten con festivales hermanos como NRMAL.

Uno de los aspectos más notables de este año fue la sólida presentación de Kikagaku Moyo y la estelar presentación que ofreció The Claypool Lennon Delirium, pues a lo largo de su set pudimos escuchar covers de The Beatles, King Crimson, Pink Floyd y material de la propia autoría de Sean Lennon.

Esta tripeable jornada musical solo sirvió para recordar que cuando la música es prioridad en un espacio, todo lo demás no importa, pues a Hipnosis se llega a escuchar, bailar y contemplar, y no a farandulear.

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