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Burger Records: Las denuncias por abuso sexual deben tener efectos inmediatos

Vivimos en un momento bastante interesante y emocionante por la abundante cantidad de música que aparece todo el tiempo tanto en la superficie como en las profundidades de Internet, pero al mismo tiempo eso está provocando que muchas personas confundan el poder tocar y compartir su mensaje, con agarrarse de eso para aprovecharse de los demás.

Quizá esto no es nada nuevo, pero el problema es que son prácticas que lamentablemente se normalizaron desde tiempos remotos, pues tener una banda, ser promotor o “el amigo del amigo” suele dar pie a que se presenten situaciones de abuso principalmente hacía mujeres que, en muchos casos, terminan siendo menores de edad y las agresiones quedan impunes.

Aunque las autoridades no tomen cartas en el asunto, en años recientes las denuncias han tenido una mayor fuerza gracias a la comunicación inmediata en redes sociales y si bien eso desata conflictos interminables donde solo queda al descubierto la falta de empatía y respeto que tenemos como seres humanos, en algunos casos ha habido consecuencias inmediatas.

El caso más reciente es el de Burger Records, pues varias víctimas comenzaron a publicar denuncias de abuso sexual por parte de una de los fundadores de la disquera (Lee Rickard) y varios integrantes de las bandas que componen su rooster, tal es el caso de The Growlers, NoBunny, Buttertones, SWMRS y Part Time (Mexican Summer lanzó algunas cosas de ellos y ahora retirarán toda su mercancía).

Disclaimer: Les dejaremos bandas que no tienen nada qué ver con Burger, pero se componen de mujeres increíbles.

Para tener una imagen más amplia del espectro que abordaba la disquera en el circuito independiente de Estados Unidos, durante los últimos 10 años publicaron álbumes de Melody’s Echo Chamber, Thee Oh Sees, Ty Segall, La Sera, The Brian Jonestown Massacre, Colleen Green, Frankie Rose, JEFF The Brotherhood, FIDLAR, Cherry Glazzer, Bleached y si… todo, todo lo que construyeron en una década se vino abajo en cuestión de horas por la serie de abusos que se cometieron en su interior y que hasta hace unas semanas habían quedado como “anécdotas”.

¿Debemos sentir pena por eso? La verdad es que no, pues aunque es inevitable sentir una sensación amarga por lo que representaba Burger Records, toda situación de abuso sexual necesita tener consecuencias inmediatas en lugar de desatar situaciones donde sus mismos amigos se encarguen de proteger a los agresores, cosa que desafortunadamente hemos visto replicada en más de una ocasión en la ‘escena’ musical en México.

Más que de ejemplo, la situación de Burger debe de servirnos como un ejercicio de análisis no tanto de lo que sucede en otros países, sino de las situaciones que se viven desde el nuestro. Sí, la bonita ‘escena nacional’ donde constantemente se dan casos de abuso y que muchas veces ni siquiera son abordadas por los medios.

¿Por qué pasa eso? Incluso cuando las denuncias del #metoo llegaron a la música, la mayoría de los nombres que aparecieron en la lista siguieron como si nada, siendo respaldados por su grupo de amigos, medios cercanos y promotores que les siguieron programando conciertos.

Podrá ser un chiste de mal gusto, pero a veces parece que la cultura del querer “quedar bien” tiene más peso que una denuncia a nivel local (y ni se diga en el ámbito de los feminicidios y la autoridad), pues en casos como el de LNG/SHT hasta sus fans se fueron encima de la persona afectada. Y ese es otro de los puntos que podemos comparar, de cierta manera, porque cuando una mujer denuncia a alguien de la escena nacional, de inmediato salen sus fans a defenderlos en tonos pasivo agresivos en lugar de escuchar, cosa que estuvo lejos de pasar con lo de Burger.

Hace apenas unos días también apareció el caso de la banda regiomontana Drims, donde su baterista fue denunciado por abuso y sus compañeros publicaron un comunicado donde decían que había dejado la banda por “mutuo acuerdo”. ¿Lo bueno? Se tomaron acciones; ¿Lo malo? si no hubieran sido publicadas las denuncias, es probable que no hubiera pasado nada y ese es uno de los principales problemas en estas situaciones, pues entre los mismos compañeros se tienden a ignorar o no se le da importancia a esas actitudes que pasan por debajo del escenario.

Todo esto no lo ponemos sobre la mesa como una práctica de linchamiento, sino que en el circuito musical de nuestro país también deben de existir consecuencias y los responsables se tienen que hacer cargo de sus acciones, pues es un poco absurdo cuando publican sus respuestas en redes sociales pidiendo disculpas cuando en el momento estaban conscientes de que lo que estaban haciendo: ¡ESTABA MAL!

Esta situación llega en un momento muy ad hoc (hasta parece que todo se alinea), pues a alguien se le ocurrió hacer una pregunta hipotética sobre lo que habría pasado si hoy hubiera salido el ¿Dónde Jugarán Las Niñas? de Molotov, argumentando que son los tiempos de la “generación cristal”.

Esa definición hostil puede ser hasta un cumplido, pues si le llamarán de esa manera a la generación que hoy tiene acceso a Internet, que hace uso de su voz y que no permite que abusen de ellos, que así sea, pues aunque en los 90 se llegó a censurar el contenido del disco, es un hecho que eran tiempos donde las denuncias por abuso estaban AÚN MÁS lejos de tener un ligero impacto (aparte fue durante la transición del “Cine de Ficheras” y el “Nuevo Cine Mexicano”).

Es por eso que resulta frustrante que en una época donde tenemos más canales para descubrir, informarnos, tener herramientas de ayuda y escuchar enormes cantidades de música nueva, parece que las denuncias solamente quedan como un chisme de temporada y están diseñadas para pelearse en redes por ver quién es el dueño de la razón, pedir perdones y reincidir, en lugar de tener una retroalimentación que nos ayude a tener una mejor escena (o como quieran llamarle) y aprender de una buena vez por todas que ser un imbécil no es ‘cool’, ni te hace dueño del backstage.

Otros casos recientes a nivel internacional: Kasabian echó a Tom Meighan sin importar que era el vocalista principal por golpear a su ex esposa; el curador del programa Part Time Punks, Michael Stock, también fue denunciado por abusar de menores de edad.

En el caso de las bandas de Burger Records que no tenían nada qué ver, la mayoría será adoptada por otras imprentas para publicar los discos que ya tenían programados para lo que resta de 2020.

Acá todos los que fueron acusados (incluido Cigarettes After Sex):

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