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NOTICIA

Reseña 'What a Terrible World, What a Beautiful World' de The Decemberists

What a Terrible World, What a Beautiful World

What a Terrible World, What a Beautiful World
The Decemberists
Capitol
34%

Por Roy Rojas@Royswell_

Como ciudadanos deberíamos pensar dos veces (o más) por quién deberíamos votar; analizar opciones y considerar las variables suena bastante lógico porque no sabemos qué clase de individuo va a determinar el rumbo de la ciudad, estado o país. Algunas veces nos va peor que otras (unas muy trágicas por cierto). Y encima se les olvida a algunos políticos cínicos quiénes son sus jefes; en realidad somos nosotros pues pagamos impuestos, y de hecho les pagamos para que terminen por tomar las peores decisiones posibles. Así que en estos casos nos queda quitarlos del poder y repensar en serio a quién vamos a elegir en la próxima ocasión. Habría que advertirle eso a los ciudadanos de Portland (Oregon), pues el 20 de enero su alcalde, Charlie Hales, decretará el Día de The Decemberists en dicha ciudad. Lo triste del asunto es que el nuevo material de esta banda, What a Terrible World, What a Beautiful Wolrd es tan aburrido como para que los expulsen de la ciudad. Ni más ni menos.

Seguro que los premian no por este trabajo sino por su trayectoria que incluye algunos buenos álbumes y el haber puesto a Portland en el mapa mundial (con serie de televisión incluida).

Después de la pausa que se tomaron en 2011, The Decemberists, Colin Meloy y su troupé (Chris Funk, Jenny Conlee, Nate Query y John Moen) regresan como si no se hubieran ido cuatro años, pues siguen en la línea de lo que ellos llaman el “folk americano, el British folk y el British Pop” que ya comenzaban a mostrar en The King is Dead. Y si no había funcionado en aquel entonces, ahora es peor. La nueva entrega resulta floja, poco cautivadora, de un sonido arcaico que no logra adentrarnos en sus 14 temas, porque encima se han fabricado el segundo álbum con más canciones en su carrera, sólo por debajo de la ópera rock Hazards of Love.

¿De qué se trata What a Terrible World, What a Beautiful World (bueno y por si no fuera suficiente parece que se han roto la cabeza con un título producto de la típica dicotomía sobre el estado de las cosas)?

Es acerca de una experiencia soporífera de folk que pudo haber publicado cualquier otra banda estadounidense, con canciones genéricas, sin mucha vida, sin emoción, sin algún distintivo en el sonido, salvo un par de temas que de verdad valen la pena: “Cavalry Captain”, con el punch típico del mal llamado “indie pop”; los sintetizadores y trompetas de esta canción son la vida en medio del cementerio que es este álbum. Sin duda, uno de los mejores temas en su carrera. Y de ahí podemos irnos directamente hasta “Better Not Wake The Baby”, otro chispazo bien producido que junto con la cuasi surf “Easy Come, Easy Go” es de lo que más se puede rescatar de esta pieza sin pies ni cabeza. Algunas composiciones las han recuperado de hace cuatro años y el resultado está ahí: canciones sin mucha propuesta, unidas sin alguna lógica en sonido, temática o ritmo que paradójicamente se terminan con un cierre llamémosle decente, “A Beggining Song”, aunque es muy probable que nadie llegue hasta este punto y el disco se quede en alguna carpeta de las decepciones de 2015.

Así que ciudadanos de Portland, vayan pensando por quién van a votar en sus próximas elecciones pues de ahora en adelante cada año gracias a Charlie Hales (sólo esperemos que no haya sido propuesta suya y se haya visto obligado a conducir la ceremonia) celebrarán a una banda que comenzó medianamente bien, tuvo un buen tope y se acaba de poco en poco con un líder que escribe best sellers para niños, pero que en la banda da tropiezo tras tropiezo.

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