Skip to content

COBERTURA

Los Apolo en su travesía por SXSW 2015

Twitter: @APOLOmx
Facebok: /APOLOmx

Fue bueno saludar a nuestros amigos de Monterrey antes de cruzar al otro lado. Fue hasta Laredo donde pisamos ya terreno tejano. Pasando por San Antonio, los ánimos de todos estaban cada vez más ansiosos, en la zozobra de conocer qué nos esperaba. La ciudad de Austin nos recibió con sus rascacielos más bien pintorescos; el Búho azul y plata nos miraba desde los cielos incitante y su primo “El Ave”, camarada de viejos andares nos recibió junto a otros amigos chihuahuitas: los Felipe el Hombre. El cotorreo dentro del “Chacharamóvil”, una camioneta adaptada por el mismo Ave para comodidad de todos sus pasajeros, misma que sería nuestra cómplice en los próximos tres shows que ofrecimos en el marco del festival SXSW y el resto de los días de desmadre.

El primer vistazo por el festival fue caótico y alentador. La música ya empezaba a disonar desde diferentes puntos encontrados cuyas calles dejaban ya a entrever chicas con mini shorts, trotamundos de todos los colores y banderas, un que otro gallo prendido perfumando la escena y filas para comer rebanadas de pizza a cinco dólares. Esto apenas comienza. Nuestra casa de campo prestada quedaba a las afueras de la ciudad, en Georgetown. Encendimos una fogata, y les dimos lata a un par de vecinos enfurecidos propietarios de RV’s y, por lo visto, escopetas. Pero todo bien.

The Icenhauers, nuestro primer venue, comenzaba ya a llenarse de asistentes la noche del Miércoles. Ahí nos topamos a los buenos Calonchos, quienes no dudaron en sacar el traje de Banana y comenzar con el cotorreo. Era momento de conocer qué se tenía que hacer en SXSW.

Nos conectamos, les subimos a los amplificadores y sucedió. Abrimos con «LOCO», nuestro más reciente sencillo, el primero de lo que será nuestra primer producción discográfica de larga duración y canción que ese mismo día se estaba estrenando a su vez en México en diversas estaciones de radio. Para esta gira decidimos no mostrar recato alguno en presentar en su mayoría nuestros temas nuevos. Experimentábamos por primera vez nuestro nuevo show. Los riffs sonaban poderosos y las caras de los espectadores comenzaban a cambiar. En sus ojos se reflejaron chispas, y para el tercer tema, «Lobo Estepario», la vibra explotó. Tres güeras de enfrente empezaron a mover las tetas en círculos, un japonés headbangeaba al ritmo del bombo y toda la demás gente no se quedó con ganas de moverse a libre albedrío. El primer bocado de south by southwest nos supo a dulce victoria. El resto de la noche celebramos fundiéndonos en esa dinámica festivalera, viendo shows de alta calidad y conociendo muchas nuevas personas.

apolo4

Al día siguiente, el Caradura y Tortilla sería quienes pusieran la fiesta. Desde temprano llegamos, ya medio descansados de lo que todavía no se convertía en chinga. Todo comenzó a buen ritmo en el Palm Door ubicado en la famosa calle Sexta. La guapa Olivia Jean, ex cantante de The Black Belles dio un gran show, y ni se diga La Banda Bastón. Finalmente nos subimos y una vez más dejamos que todo fluyera. Comenzamos con un jamming de unos tres minutos para presentarnos. Para la cuarta canción, el sudor ya corría por nuestros cuerpos y los de los espectadores, quienes ya movían sus cabezas al ritmo del rock. Zurdo no perdonó sus solos, Iván le pegó a la traca hasta hacerla sangrar, Santi pateaba al ritmo del poderoso bajo cabalgado, y Albar cantaba desde arriba de las bocinas. La gente aplaudía y gritaba. Cerramos con Luz de Oriente, porque el jamming inicial nos comió la última canción del setlist, pero la gente quería más.

apolo10

Respetando los estrictos tiempos que se manejan en el festival, nos reservamos a bajar del escenario a saludar a los presentes. Muchos se acercaron emocionados entre ellos el tecladista de Olivia Jean, quien eufórico nos comentó que le tenía que platicar a Jack White sobre nosotros — that was amazing! 

Viernes fue de descanso; aprovechar al máximo las masajistas y cervezas del Austin Convention Center, probar las hamburguesas vegetarianas del Artist Lounge, echar desmadre en el Hype Hotel y ver a los Felipe el Hombre, quienes se rifaron esa noche en el festival. Al día siguiente, nuestro show sería a las 11am (¡¡¿?!!).

El Flood Fest se celebraba en el Cedar St. Courtyard y desde tempranito ya se nos notaba el cansancio. Pero unos poderosos burritos de frijoles con queso amarillo y la grata presencia de nuestros amigos de Enjambre nos levantaron los ánimos. Era nuestra última fecha en Austin y no la dejaríamos de aprovechar. Al terminar los Enjambre, nos dispusimos a hacer el line check más rápido del oeste, y comenzar nuestro show. Los oídos de los somnolientos comensales que debutaban burritos empezaron a adaptarse al rock matutino que les estábamos ofreciendo. Rosita, nuestra nueva amiga gringa a quien nosotros habíamos bautizado sonrió, y su burrito se le cayó en los pies. Es difícil que la gente baile a las 11am y más con la cansina carga festivalera que se desarrolla conforme avanzan los días. Sin embargo, los asistentes recibieron un performance y una ejecución como si hubiera ahí miles de personas. Una vez más, el rock mexicano hizo vibrar las almas de los asistentes, y el español se convirtió en la lengua de todos. Nos sentimos muy satisfechos al bajar del escenario y saludar a varios promotores de eventos que habíamos conocido allá, quienes se hicieron un pequeño espacio para vernos ese día. Con una sonrisa, despedimos nuestra última presentación en el SXSW y nos dispusimos a seguir celebrando. Al partir la mañana siguiente, todo parecía un sueño. Toda la gente nueva, el gran ambiente, los colores, los sonidos, las carcajadas, las quejas, las desveladas, todo había valido la pena. Nos esperaba un largo viaje a El Paso, Texas, para grabar un vídeo allá. Pero lo bailado nadie no lo quitó, ni no lo va a quitar.

dapolo6

Relacionados

Volver arriba