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COBERTURA

Corona Capital 2021: Un atípico día con Tame Impala, Turnstile, Slowthai y Faye Webster

Fotos: Gisela Terrazas / Dayan Álvarez
Texto: Ernesto Olvera

Es inevitable no tener una sensación un poco extraña en el cuerpo después de los dos años que han pasado desde la última vez que nos reunimos en un Corona Capital, pues en aquella ocasión estuvimos celebrando su primera década de vida sin siquiera pensar en lo que estaría sucediendo meses después con la pandemia del COVID-19.

No es cómo si el festival se hubiera tomado un año sábatico para descansar, pues en realidad el congelamiento que se presentó a nivel mundial fue por algo que estaba más allá de nuestras manos o del simple hecho de querer regresar a un espacio abierto para reunirnos con nuestros amigxs mientras escuchamos música en directo.

Es por eso que regresar a la Curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez se sentía como cuando entras a una nueva escuela después de unas vacaciones extendidas, sin saber a ciencia cierta lo que va a suceder cuando entres en contacto con un grupo de desconocidos.

Con esa palpable timidez y la incertidumbre que se podía apreciar en el rostro de algunas personas, es como la 11° edición del Corona Capital fue dando sus primeros pasos con los tenues acordes que se desprenden de las canciones de Faye Webster, autora de uno de los lanzamientos más atractivos de todo el año.

Digamos que los primeros actos que desfilaron a lo largo de sus cinco escenarios tenían las caracteristicas suficientes para ir eliminando esa incertidumbre y reactivar la confianza que solíamos tener al momento de desplazarnos por los caminos del festival, ya que con Boy Pablo, HANA y SG Lewis las cosas fueron recuperando el calor, la energía y la emoción colectiva que suele construirse en un concierto masivo.

El proceso de reactivación a nivel mundial no ha sido nada sencillo, pues los vuelos internacionales y el simple hecho de seguir combatiendo una enfermedad que se apoderó de nuestras vidas durante los últimos dos años, ha provocado que todavía existan situaciones que impidan que los planes se desenvuelvan de acuerdo a lo que está estipulado.

Y eso lo pudimos contemplar en todo su esplendor durante el primer día del festival con las múltiples cancelaciones y alteraciones que hubo en el intinerario, comenzando por Chk Chk Chk (!!!), quienes originalmente darían un show con banda completa pero tuvo que reconfigurarse en DJ set luego de que uno de sus integrantes no pudiera viajar a causa del COVID-19.

Aún así el dúo se las ingenió para montar una fiesta basante especial mientras en los demás escenarios se iban afinando los detalles para recibir a Bleachers, Electric Guest, Yendry y All Time Low. Sin embargo, la banda que definitivamente nadie podía perderse (aunque en realidad sí hubo un montón que estuvieron ausentes) fue ni más ni menos que Turnstile.

La banda de Baltimore es especialista en montar presentaciones donde la gente invade el escenario para bailar con ellos, pero en vista de que en un festival es completamente diferente, se encargaron de trasladar su energía al público con los cortes de su excelente GLOW ON, álbum editado por Roadrunner Records, donde la banda nos fue llevando a través de la tradicional densidad del punk y el hardcore, pero dejando al descubierto la amplia gama de estilos que le van dando forma a su sonido como el reggae y un poco de indie rock (no por algo en GLOW ON participa Dev Hynes de Blood Orange).

Por un momento la presentación de Turnstile hizo que nos olvidaramos por completo de la crisis mundial para unirnos en una celebración plagada de himnos como “Holiday” y “Blackout”, todo de la mano de los movimientos que iban dejando en cada rincón del escenario.

Bajo ese mismo enfoque energético fue como nos encontramos con el británico Slowthai, quien luego de haberse visto envuelto en algunas controversias por su actitud y de colaborar con artistas de renombre como Gorillaz, llegó por primera vez a nuestro país con una presentación que pasó un poco desapercibida, pero que rápidamente se fue posicionando como una de las más notables de esta edición y que de cierta manera fue calmando la incertidumbre que se fue acumulando en el interior de los asistentes luego de la cancelación de St. Vincent y The Kooks (sobretodo esta luego de que su vocalista tuviera que vovler a casa para estar con su esposa y su bebé).

“Atípico” puede ser la palabra más indicada para describir lo que seguía sucediendo en el festival, pues aunque durante el atardecer ya se iba construyendo un pensamiento completamente liberador para hacer del Corona Capital una fiesta gigantezca para revivir la emoción que se fue quedando rezagada en nuestro corazón desde hace dos años, era inevitable no sentir la ausencia, los huecos y esos espacios donde debía de estar sucediendo algo más; algo que muchos de los asistentes estaban esperando y que no pudo suceder por razones ajenas a los organizadores del festival.

La molestia, la frustración y la tristeza son sentimientos comprensibles, y muchas veces nos dejamos llevar por dichas emociones para explotar sin antes razonar en una época donde la pandemia nos estuvo poniendo en nuestro lugar al demostrar que las cosas no siempre salen de acuerdo a lo planeado, y en esos momentos es cuando debemos pensar friamente en lugar de divagar con pensamientos como “si ya canceló St. Vincent metan a Depeche Mode” (como si hacer eso fuera tan fácil…).

¿Qué mejor manera de entrar en un proceso de calma para alinear nuestras ideas que con una banda como khruangbin?

Quizá el trío no es el más virtuoso de la vida, pero si maneja un sonido bastante exquisito que gira alrededor de la psicodelia clásica con segmentos repletos de improvisación musical, medleys con covers a bandas como AC/DC y un toque muy particular donde lograron tener una de las más grandes convocatorias de personas en el escenario Corona Cero, donde más tarde aparecería como acto sorpresa Cuco; reemplazando a The Kooks.

Mientras la audiencia estaba reencontrando su paz interna con Khruangbin, apareció otro golpe inesperado para el festival, pues a solo unas horas de que Disclosure hiciera lo suyo para cerrar las actividades del Escenario Doritos, uno de los hermanos Lawrence anunció en redes sociales que se había enfermado del estomago y que por esa razón estarían cancelando su presentación… de nuevo: a solo unas horas de que sucediera.

Cuando explotó la noticia de Disclosure, era evidente la molestia de una gran cantidad de personas que comenzaron a retirarse del lugar mientras Cheap Trick tomaba el escenario principal. Era una imagen un tanto agria y oscura que nos hizo pensar en los momentos más complicados por los que ha pasado el Corona Capital a lo largo de los años, como aquella ocasión donde el clima frenó sus actividades durante dos horas (si, mientras tocaba Massive Attack).

En cada uno de esos momentos de oscuridad ha emergido la luz; no como un pensamiento cursi o esperanzador, sino que el festival ha aprendido a manejar las situaciones de crisis con un enfoque donde los escenarios devastadores que son provocados por temas ajenos a los organizadores, son opacados por un acto aún más brillante, imponente, envolvente y con una genuina pasión por la música. Es ahí donde Tame Impala jugó un papel fundamental para mantener de pie una noche que pintaba para tener un silencio sepulcral.

La banda australianda liderada por Kevin Parker se hizo presente con una experiencia audiovisual que poco a poco fue borrando las caras agrías para reemplazarlas por miradas de expectación y emoción; de alguna manera fue como si la banda estuviera cargando con todo el programa nocturno del Corona Capital para dejarlo ileso y listo para volver a recibirnos en su segundo día de actividades.

Podrán tener sentimientos encontrados con el antes y el después de Tame Impala, pero no podemos negar que las dimensiones que ha alcanzado su nombre y su sonido fueron perfectas ara reactivar uno de los más grandes festivales que se han hecho en la Ciudad de México durante los últimos años, y que definitivamente tiene aún más por delante.

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