Tal vez por mera curiosidad, o simplemente porque así lo marcaba la vida de cada uno, el día de hoy 5 de abril (pero en diferentes años), dejaron de existir dos personas importantísimas para la música.
De entrada, en 1994, el gran Kurt Cobain, líder de Nirvana, tomaba el destino en sus manos y terminaba con su vida, dejando en las páginas de la historia de la música, inscrito su nombre con letras de oro, como uno de los músicos más importantes de todos los tiempos por su aportación.
El sonido grunge lo dio a conocer y él se encargó junto con sus compañeros de grupo: Krist Novoselic y Dave Grohl, de apuntalar su música para que fuera el género más recordado de los años noventa.
Ese «ruido» que Nirvana logró capturar en discos tan importantes como el clásico «Nevermind» o el emblemático «Bleach», era la evidencia clara de que la música tenía estructuras únicas, que aún podían dar mayores decibeles a los oídos ávidos de guitarras estridentes y baterías demoledoras, que jugaban de manera dispareja con la voz de Cobain.
En el caso del señor Jim Marshall, que 18 años después de la muerte de Cobain también pasa a mejor vida, simple y sencillamente dio uno de los grandes aportes a la música: el amplificador Marshall.
Dicho equipo de sonido, fue perfeccionado por Marshall en los años sesenta, dándole mayor volumen y un sonido con mayor distorsión y profundidad; no por nada músicos como Pete Townsend de The Who, el increíble Jimi Hendrix y hasta el mismo Cobain, utilizaron estos amplificadores para darle el poder necesario a sus guitarras.
Cada uno en su puesto, tanto Kurt Cobain como Jim Marshall, tienen algunas cosas en común: mueren el mismo día, pero sobre todo, aportaron mucho a la música que hoy, les rinde un merecido homenaje como creadores de Estructuras Sonoras que siempre serán veneradas.








