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NOTICIA

En memoria de Anna Karina: Su faceta como cantante

Anna Karina es un icóno cultural que logró ir más allá de la pantalla grande, ya que si bien su rostro se convirtió en un emblema del cine francés bautizado como nouvelle vague; su porte, estética visual y la pasión que emanaba de sus movimientos se fue expandiendo hacía otras expresiones artísticas.

Aunque es de origen danés, se naturalizó en Francia para terminar de consolidarse en el séptimo arte con ayuda de Jean-Luc Godard, a quien conoció a finales de los 50, y donde empezó el episodio más importante de su carrera al ser su musa por excelencia, con todo y que al inició rechazó algunos papeles por incluir escenas de desnudos como en su primer proyecto cinematográfico: Al Final de la Escapada.

Aunque a lo largo de su carrera trabajo con otros icónos del cine como Agnés Varda y Valerio Zurlini, fue con Godard donde adquirió una confianza mayor para salir de la actuación e incursionar en otros terrenos como la música, pues si bien su nombre tiene un mayor reconocimiento en la actuación, muy pocos saben que también existen grabaciones auténticas de Anna Karina.

El primer guiño de su carrera musical se dio en en el musical Una mujer es una mujer de Godard, cosa que dio pie a que tiempo después interpretara los temas, «Jamais je ne t’ai dit que je t’aimerais toujours» y «Ma ligne de chance», en la película Pierrot El Loco.

Aunque su transición de la actuación a la música puede ser algo bastante natural, el porte que tenía a la hora de interpretar una canción hizo que músicos como Serge Gainsbourg comenzaran a trabajar con ella para afinar los dotes vocales que en definitiva fueron de suma importancia para el sonido vintage de los 60, pues incluso una de sus canciones («Roller Girl») se transformó en un himno de la mano del clásico Anna de Pierre Korainik, musical donde también participaba Marianne Faithfull.

Aunque su faceta musical no se desvaneció por completo, con el paso de los años se fue separando un poco de estos terrenos para enfocarse de lleno en la redacción de novelas como Golden City, por lo que podría decirse que los tesoros musicales que deben figuran dentro de sus conocimientos se limitan más a la década de los 60, pues justo cuando se involucró en Anna de Korainik, publicó un álbum del mismo nombre producido por el ya mencionado Serge Gainsbourg.

Como pueden ver, la figura de Anna Karina no es un referente exclusivo de la nouvelle vague en el séptimo arte, pues sus cuerdas vocales se encargaron de esparcir dotes de amor desde lo más profundo de su ser.

Quizá no fueron tan consistentes como su carrera como actriz, pero estas grabaciones son esenciales para todo aquel que sigue expandiendo su biblioteca musical.

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