Por Lauren Harris
Foto Sandee Oliver Bartkowski
Pocas figuras de la cultura pop estadounidense han abordado las personalidades múltiples tan bien como Steve Martin. El comediante ganador del Grammy (y host de los Óscares) que no sólo colecciona sino hace arte, ha utilizado las últimas décadas para perfeccionar otro de sus talentos: tocar el banjo. Para aquellos que conocen a Steve Martin por sus chistosísimos papeles en películas durante los treinta años (desde Navin, el desafortunado inventor en The Jerk, hasta su giro actoral en Shopgirl, cinta adaptada de su novela del mismo nombre), su incursión en el mundo del bluegrass puede parecer incongruente, pero está lejos de serlo. Durante casi 50 años Martin ha tocado el banjo, empezó cuando tenía 17 –no por accidente– cuando escuchó por primera vez a Earl Scruggs, el grande del bluegrass. “Fue increíble”, Martin dice del estilo de cinco cuerdas que escuchó de Scruggs y compañía. El instrumento quedaba bien con su carrera de comediante y empezó a integrarlo a sus shows de stand-up, continuando con la larga tradición de unir la comedia con el banjo.
Con el álbum debut de Martin en 2009, The Crow: New Songs for the Five-String, se deshizo de las sospechas de que sólo era un capricho de celebridad, al ganarse un Grammy por Mejor Álbum Bluegrass. Scruggs, quien falleció esta primavera, cambió la cara de la música bluegrass y el sonido del banjo al inventar un estilo que eventualmente tendría su nombre. Ha sido el mentor de muchos artistas, entre ellos de Martin. Con un tour detrás de Rare Bird Alert, su más reciente álbum con su banda Steep Canyon Rangers, Martin continúa juntando fans y reconocimientos de la comunidad de la música, en gran parte por sus composiciones y obras deslumbrantes, que dejan ver tanto el ingenio legendario de Martin como su romanticismo (que pocas veces se ha visto). Más que nada, este es Martin volviendo con su primer amor, un híbrido entre su sello como comediante que todos conocemos y la música que lleva una vida amando. “No estoy tratando de ser un rockstar”, dice Martin. El hombre nos platica sobre el fallecido Scruggs, el mundo de posibilidades que tiene Twitter y cómo pedirle un favor a Paul McCartney.
Quiero empezar diciendo cuánto siento la muerte de Earl Scruggs. Entiendo que era una figura muy importante para ti.
Sabíamos que iba a pasar. No sabíamos cuándo. Fue muy triste. Todos [en el mundo del bluegrass] estábamos muy afectados porque fue alguien que estuvo con nosotros todas nuestras vidas. En la mayoría de los casos, él había sido quien los introdujo al banjo, entonces básicamente cambió nuestras vidas. Fue un momento muy emotivo.
Hay una larga historia de comediantes que usan el banjo en sus presentaciones ¿cierto?
Era algo bastante importante para los comediantes antes de Earl Scruggs. Era un instrumento legítimo, en los años 20 lo usaban en orquestas. Era un instrumento clásico.
En el siglo XIX era un instrumento que usaban los juglares y para finales de ese siglo era usado por señoritas. Ha tenido una carrera variada. Pero fue Earl Scruggs quien lo hizo lo que es ahora.
¿Y cómo terminó en la comedia?
Yo creo que es porque es un instrumento muy particular. No se mezcla de forma natural, siempre o sobresale o se pierde. En una banda de bluegrass destaca, igual que el violín. Pero creo que el banjo o está dentro o está fuera. Si lo sabes tocar queda muy bien con los comediantes.
Parece que Earl Scruggs es responsable en gran parte por tu carrera con el banjo.
Me regresó al banjo. Me preguntó si quería tocar en un disco en el que estaba trabajando llamado Earl Scruggs and Friends, y le dije “claro.” Sabía que no estaba a la altura, así que tuve que practicar. A lo largo de los años había escrito canciones, y gracias a esto volví a hacerlo. Saqué mis banjos y hasta compré uno nuevo. Después Tony Trischka [productor y banjista] me pidió que tocara en su álbum Double Banjo Bluegrass Spectacular, y le dije: “Pues, no creo que valga la pena que toque el banjo en alguna de tus canciones clásicas, pero tengo unas canciones nuevas que escribí.” Entonces me dijo que vendría a escucharlas y escogió “The Crow”. Y se convirtió en un éxito del bluegrass. Y dije “pues tengo otras canciones.” Tenía suficientes para hacer un disco. Así que hice este álbum y luego mi manager —para este punto ya tenía un manager musical— dijo que tenía que hacer una gira. Y dije “¿tengo que?” No había estado de gira en 30 años, y luego heme aquí.
¿Cómo te sientes de gira después de tanto tiempo?
Cuando lo hice en los 70 estuve completamente solo todo el tiempo. En el escenario y fuera de él. Era muchísima presión. Ahora voy con otros cinco tipos, es un poco más lujoso y hay tantas formas de estar comunicado. También, es que no estoy haciendo una hora y media de comedia, hago un poco de comedia y un poco de música. Cuando estás haciendo comedia estás pensando “¿qué hago ahora? ¿qué hago ahora? ¿qué hago ahora?”; y cuando estás haciendo comedia intercalada con música, haces unos chistes y luego tocas una canción.
¿Me podrías explicar un poco la estructura de los shows, dado que son un híbrido entre comedia y música?
Me di cuenta que de verdad quería que el público supiera que era un espectáculo, no 97 canciones seguidas en las que le doy la espalda al público. No estoy tratando de ser un rock star. Es chistoso, pero la música es algo serio. Está basado en los shows folk de antes: una introducción chistosa a una canción seria. Me gusta pensar que es más sofisticado que eso, no son un montón de chistes viejos y malos de música folk. Al público parece gustarle. Hay gente que nos va a ver que sabe qué es la música bluegrass pero hay otra que no —pero vienen, y siempre se van amándola. Es un despliegue de habilidades. Es casi como ver un cuarteto de cuerdas. Están tan acostumbrados a escuchar música comprimida.
¿Qué es lo que más disfrutas de tus presentaciones, la música o la comedia?
Es todo. Es el show y hacer a la gente feliz. Tocamos canciones complicadas, y algunas son muy accesibles y después tenemos un diálogo alegre entre éstas. Se siente que estamos haciendo al público muy feliz y no lo estamos haciendo con cosas chafas y fáciles.
¿Tienes alguna idea de quiénes son tus fans?
No tengo idea. La gente que viene a vernos es de todas las edades. A veces todamos en centros culturales que reciben un poco de todo. Es difícil de medir, pero es gente abierta. También hay veces que tocamos en festivales de bluegrass y es gente tirada en el pasto bajo el sol, ese es otro tipo de público.
¿Cómo te ha recibido la comunidad bluegrass?
Han sido muy amables, no sé qué esperar. Tenían todo el derecho de preguntarse qué era esto, Pero los International Bluegrass Music Awards nos dieron el premio de Artista del Año, lo cual fue muy generoso de su parte.
¿Cómo se dio la colaboración con la Orquesta Sinfónica de Boston?
Ellos nos contactaron. Yo escribo toda la música. Si sólo estuviera ahí tocando unas canciones no creo que sacaría tanto de esto. El hecho de que yo escribo la música me da el crédito creativo. De hecho, hay días que no puedo creer que esto está pasando.
¿Esto es lo más satisfecho que has estado en toda tu carrera?
Pues… no. Es una dicha el poder hacerlo y no me causa ningún tipo de conflicto. Bueno, al principio un poco porque no sabía si iba a poder tocar el banjo durante una hora entera. Nunca lo había hecho en un escenario antes, frente a gente. Cuando empecé sólo veía mi banjo.
Considerando que eres un actor, comediante y escritor muy famoso, ¿no había una parte de ti que quería proteger tu identidad como músico?
No. Sólo no tenía que llevarlo a la televisión, tocaba solo. En realidad no tenía alguna forma de llevarlo a otros lados, necesitaba la experiencia de tocar todos los días en un escenario para realmente ser capaz.
¿Era una meta para ti el ser así de reconocido y aclamado?
No. Nunca vi más allá, simplemente pasó. Lo primero que pensé es que tenía cuatro canciones y que podía hacer un disco con otras canciones de banjo que me gustan y hacer una mini compilación. Luego pensé “tengo suficientes canciones para hacer un disco entero”. Luego mi manager me dijo que tenía que hacer un tour, luego me junté con la banda Steep Canyon Rangers, luego me empezó a gustar, luego teníamos canciones para otro disco, Rare Bird Alert. Ahora tengo suficientes canciones para un tercer álbum y eso es lo que estoy haciendo ahorita.
¿Cómo es el proceso de escribir canciones?
A veces es solo —te sientas con la intención de escribir una canción. A veces piensas que quieres escribir algo en Re. En el banjo, Re es una posición diferente en los dedos, entonces presenta otro tipo de problemas y otra melodía completamente diferente. Depende lo que necesites. A veces piensas “necesitamos una canción rápida en el show” o “hace mucho no escribo una canción instrumental”.
Tú primer álbum, The Crow y Rare Bird Alert tienen en común los pájaros, ¿hay algo de eso en tu música?
Mi esposa sugirió el título Rare Bird Alert, y así se quedó. El título se presta para una imagen de portada. También te dice que las canciones son un poco diferentes de lo que escuchas. También, es que ningún otro título funcionaba.
¿Cuál es la diferencia entre estas canciones?
No sé nada sobre escribir canciones, así que en general no están hechas bajo ningún modelo convencional de escribir. Supongo que algunas sí y algunas no. Para mí todas son diferentes. No forman parte de un grupo. No sé si eso es bueno para un disco, pero lo es para un concierto.
En el librito del disco mencionas en las notas que Lorne Michaels te empujó a contactar a Paul McCartney. ¿Qué específicamente fue lo que hacía que Sir Paul fuera una buena opción para “Best Love”?
Tiene una gran cualidad: puede cantar románticamente, con un gran encanto. Tiene un gran sentido del humor. Y la canción tiene eso. Es algo tan despreocupado. Una vez que sugirieron su nombre, no nos lo podíamos sacar de la cabeza.
¿Estabas nervioso de pedirle que cantara en el disco?
Un poquito [ríe]. Sí. Me tomó un rato comunicarme con él. Él es una persona ocupada. Pero finalmente dijo que sí.
¿Por qué incluiste “King Tut” en el álbum?
Pensé en eso muchísimo. Primero, pensé que era chistoso: la idea de una versión bluegrass de “King Tut”. Y segundo, quería que el que fuera a comprar el disco supiera que hicimos un concierto divertido. Creo que ya ni la toco hoy en día. La practicamos de vez en cuando para que la tengamos fresca. Tenemos problemas decidiendo qué no tocar.
Dado que “King Tut” es prácticamente un sinónimo de “Steve Martin, comediante”, ¿encuentras difícil no sacar más material de tus viejos sets de comedia musical?
Es fácil, porque la verdad es que ya no puedo hacer ese material hoy en día. Se vería fatal. Creo que hago ese tipo de personaje en el escenario de manera natural, pero, digamos, sin tener que esforzarme. [Tocar música] es diferente de cuando tienes que estar saltando en el escenario por una hora y media. Solo.
Hablando de ya no tener que estar solo en el escenario, ¿cómo te topaste con tu banda?
Los conocí en Carolina del Norte, donde les gusta vacacionar a mi esposa y a su familia. [Su familia] simplemente dijo “Una banda local va a venir.” Y eso hicieron, y es todo lo que supe.
¿Cuántos banjos tienes?
Cinco o seis. Pero toco cinco de ellos en el escenario. No hay muchos extras botados por ahí. Cada uno toca un tipo diferente de música: uno es para bluegrass, uno es para clawhammer y algunos simplemente están afinados diferente, para que no tenga que perder el tiempo del público cuando tengo que volver a afinar.
Tu presencia en Twitter es bastante prolífica, y acabas de lanzar un libro con tus tweets y las respuestas que reciben: The Ten, Make that Nine, Habits of Very Organized People. Make That Ten. ¿Qué es lo que te gusta de Twitter, y por qué decidiste juntar todo en un libro?
Puede ser bastante espontáneo. Cuando hacía televisión, si a un programa no le iba bien, siempre estaba la siguiente semana. Así es aquí. Si a un tweet no le va bien, puedes anularlo en segundos con uno nuevo. Descubrí que había una verdadera interacción entre el público y yo, que tuiteaban de regreso cosas que eran igual de chistosas que las que yo tuiteaba. Muchos de los lectores no ven eso —lo he estado notando. Por eso fue parte de la razón del libro —primero, que podía borrar muchas de las cosas mediocres, y ponerlo junto de manera cohesiva, con las mejores respuestas agrupadas para crear una historia padre y pequeña de ello. F







