Por Pamela Escamilla Menchaca, editora de la revista FILTER México.
Hoy, a través de las redes sociales de The Doors, recibimos la noticia de que Ray Manzarek perdió la batalla contra el cáncer. Desde que murió Jim Morrison hace ya más de 40 años la banda ya no era la misma, pero es cierto que ésta revivió y su memoria permanece gracias al trabajo de Manzarek.
La calidad del músico puede comprobarse con sólo pensar en que The Doors rompió esquemas al ser una banda de rock —por mencionar un género, ya que sus capacidades artísticas iban mucho más allá— que no necesitaba de un bajista ni, muchas veces, del mismo ‘rey lagarto’ durante los shows. ¿Estarán juntos ahora como en Feast of Friends?
Es cierto que desde hace tiempo Ray luchaba contra la enfermedad, pero también lo es que a pesar de ser mayor que los otros dos sobrevivientes de la alineación original de The Doors, al menos hasta las últimas visitas a México, se veía mucho más entero que Robbie Krieger —su media naranja musical, por decirlo de alguna manera— y que John Densmore, quien acaba de lanzar The Doors: Unhinged, libro en el que el baterista desaprueba que Krieger, Manzarek y compañía usaran el nombre de la banda durante sus presentaciones.
No faltarán quienes como fans movidos por el sentimiento de este 20 de mayo de 2013 se atrevan a decir que si alguien tiene derecho a usar ese nombre es quien hacía dos papeles a la vez en la banda, quien rescataba el espectáculo durante los excesos de Morrison, quien fue su amigo y compañero sin perder el suelo, un caballero que dejó este mundo en Alemania a los 74 años de edad.
Pero este no es un asunto legal, es artístico. Es triste pensar que jamás habrá una introducción de teclado tan genial como “Light my Fire” —canción homónima del libro en el que Manzarek nos contó su visión de las cosas hace unos años— y darnos cuenta de que la pérdida de su magnificencia sonora no provoca llantos en público ni idealizaciones juveniles, sino meditaciones creativas y atención auditiva.
Todos recordamos cómo en los primeros discos de The Doors los integrantes compartían los créditos de las canciones. Después, a la par de su fragmentación como banda de amigos se comenzaron a marcar territorios. El nombre de Manzarek no figura como autor único en ninguna de estas canciones, pero su trabajo no necesita de tales especificaciones. El originario de Chicago, tal vez de ahí la riqueza de su bagaje musical, fue uno de los primeros en usar un Moog en la historia de la música (en “Strange Days”, del segundo y oscuro álbum de la banda angelina) y se codeó Philip Glass, Echo and the Bunnymen y más, aparte de contar con varios discos como solista.
Siendo sinceros, cuando escuchamos en la tan odiada película de Oliver Stone ‘Raymond Daniel Manzarek, born February 12th 1939, musician, organist’, no pensamos ni temimos que este día llegaría. This is the end, beautiful friend.
Tanto Dorothy, su esposa, como sus hermanos e hijo han pedido que en vez de enviar flores se hagan donaciones en favor de www.standup2cancer.org, organización que combate al mal que se ha llevado a muchos de los mejores músicos.






