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[Reseña] Vampire Weekend – 'Modern Vampires of the City'

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VAMPIRE WEEKEND
Modern Vampires of the City
Terrícolas Imbéciles
90%

Por Karina Cabrera

De Afganistán, Estados Unidos, India, Inglaterra, Irlanda o incluso México, de ahí provienen los modernos vampiros citadinos, al menos Junior Reid así lo estableció en 1989 a través de la canción “One blood”, dance hall que pone la primera línea para el tercer disco de Vampire Weekend, pero mientras el jamaiquino hablaba de unidad racial y establecer a la humanidad bajo una misma sangre, Modern Vampires Of The City es sobre grandes ideas y miedos aún mayores que trascienden el temor al fracaso en la industria de lo inmediato, no responden a la idea de mimar el estatus del nuevo grupo preferido neoyorquino o mantener frescos sus múltiples proyectos alternos en SoundCloud.

El nuevo disco de Vampire Weekend es sobre evocar una especie de estremecimiento por medio de un pop algo rarito centrado en la muerte y el miedo a lo desconocido, otorgando cierta belleza que mantiene a la banda lejos de la crisis ligada con la novedad que solía ser en el año 2007, cuando las críticas en blogs los impulsaron hacia los medios convencionales. Modern Vampires Of The City es sobre cinco años, tres discos, múltiples apariciones en festivales y una demanda, lo que significa algunos cambios al interior que repercuten en lo que escuchamos.

Sí, todavía es una banda de pop estadounidense recostada sobre una extensa cama de afropop, pero Vampire Weekend ya no se centra en correcciones de estilo, tendencias y lo fabuloso de las universidades de prestigio, llega al 2013 con sus integrantes bordeando los 30 años de edad, totalmente conscientes de la crisis económica que no anuncia su retirada. Pero aún con las diferencias, las letras de Ezra Koenig —puestas en el orden correcto— parecen reflejar ese crecimiento, como el tercer capítulo de una historia que intenta arrugar las idiosincrasias y, al mismo tiempo, mantenerse familiar.

Regresando al 2007, cuando la cobertura de un blog parecía poco trascendente y su impacto aún era dudoso, Vampire Weekend surgió en un contexto que empezaba a exigir una evolución viral a través de internet, un juego que dominaron plenamente sin necesidad de grandes estrategias o todo el aparato de social media que se utiliza en la actualidad. Para el momento en que su álbum debut homónimo fue lanzado, lo que más se discutió fueron sus influencias, mas no el esfuerzo de reunir a miles de personas en YouTube para ver su concierto en el Roseland Ballroom, era una banda más cercana a las bromas que realizó Steve Buscemi en los cortos previos a su participación en la serie American Express Unstaged.

De 2007 a 2013 el mundo parece haberse encogido debido a la red, pero la cultura parece haberse ampliado, al menos en los rangos abarcados por Vampire Weekend en Modern Vampires Of The City, el grupo realmente intenta moverse y liberarse del estilo que lo hizo más famoso, agregando el ruido que en los 90 fue conocido como alt-rock, algo de hip-hop y la notable habilidad de no tener miedo a crecer, aunque con la absoluta consciencia de que todo tiene fecha de caducidad.

La música ha dado un paso hacia adelante, pero puedes detectar ecos de “M79” y “Walcott” de su álbum debut, así como de “Cousins” y “White sky” de Contra. La separación la brindan “Everlasting arms” y “Finger back”, que justo a la mitad hacen que el tercer álbum desarrolle otro Vampire Weekend, antes de eso todo es familiar, después elimina las preocupaciones sobre lo que podría desarrollar Vampire Weekend en este momento de su trayectoria.

Tal vez se trate del peso de la mortalidad, las letras dan la impresión de un Koenig encontrando la marca de la angustia, pero aún con la pesadez de las palabras es un material ligero, lleno de canciones de engañoso ritmo alegre, accesible en la rotación en el oído, capaz de quedarse largo rato como si ya lo conocieras, pero no deja de recordarte que ya no es sobre el exitoso crossover o los coros contagiosos, sino de la calidad de la música.

Es el fin de una fase, seguramente apuntan a la cima, pero ya no enterrando sus pensamientos en una miríada de referencias culturales. Vampire Weekend nos ha dado un disco de pop resplandeciente e inmediatamente amable. Fue su tercer intento y nuevamente lo logró con éxito. En esta época pocos pueden decir eso sin pasar inmediatamente al olvido.

 

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