Por Milton Barboza Arriaga
Para la gran mayoría de los melómanos alrededor del mundo, el nombre de Andy Warhol nos remonta a los años sesenta recordando al artista visual creador de la clásica portada del disco debut de The Velvet Underground, el plátano que sigue siendo referencia no sólo en la música sino en la conciencia colectiva.
Pero más allá de esta “banana” y la también memorable portada del Sticky Fingers de los Stones, el aporte de Warhol desde mi punto de vista, no se quedó en lo visual y mucho menos en la producción que realizó en el debut de The Velvet Underground.
Tal vez en la “loquera” que podría ser traducida en soberbia, egolatría o hasta narcisismo, Warhol entendió en aquellos inicios de una escena musical fuerte en Nueva York y a nivel mundial, que la esencia de una banda podía ser catapultada en la creación de leyendas y claro está, de poderosos productos generadores de dinero.
Andy Warhol era un visionario demasiado avanzado para su época; el impacto que le causó escuchar y ver a The Velvet Underground en 1965, detonó su capacidad por llevar más allá la definición de “banda”, dándose el lujo de, además de convertirse en manager de los “Velvets” -que en aquel momento era el grupo mundialmente desconocido-, cual científico en su laboratorio de experimentación le adicionó un ingrediente más, Nico, a quien hizo brillar por encima del mismo Lou Reed.
Para muchos eso puede parecer una falta de respeto hacia una banda que por sí sola ya brillaba, pero a la larga resultó en un acierto porque The Velvet Underground se convirtió en el eje central de la escena neoyorquina, que dio pie a muchos otros proyectos para trascender desde aquel enigmático lugar.
Hoy, a 85 años de su nacimiento, es momento de entender que el mayor aporte de Warhol a la historia de la música está en que logró descifrar dónde están las mayores posibilidades de sobrevivir en esta difícil profesión: relaciones públicas, conciertos, nacimiento de personajes emblemáticos y, sobre todo, actitud y deseos de convertirse en inmortales sin olvidar la calidad en la música.
Muchos managers de la actualidad deberían entender el “Business model” de Warhol, sin caer en el protagonismo, entendiendo que las estrellas de esto son los músicos.






