Una Y en el camino
Por Jorge Kundig
Fotos Julio Pineda, enviados especiales
La vida constantemente nos plantea opciones para elegir entre A o B o C, o incluso D. Cada pequeña decisión tiene un efecto inmediato, no siempre reversible, a veces intrascendente. En un festival de música, es inevitable llegar al momento en el que tienes que escoger entre ver al grupo A, a quienes tienes años queriendo ver sin lograrlo, o B, tu banda favorita a la que has visto en repetidas ocasiones. Por lo tanto, para el día 2 en Austin City Limits dejamos al azar estas decisiones, librándonos por completo de la responsabilidad.
Llegamos en punto de las dos de la tarde para ver a Haim. No había lugar para la elección, pues nadie más que pudiera resultar atractivo ver, se presentaba a esa hora. Valió la pena, pues estas californianas tocan de forma desenfadada y desenfrenada, recordándonos mucho a Fleetwood Mac.
Dieron las 4 de la tarde y fue momento de enfrentar el primer volado: Silversun Pickups o Portugal. The Man. Gana la distorsión y disfrutamos viendo a los autores de “Lazy Eye” bajo un sol inclemente. Una hora después, no hay alternativa: Grimes mientras comienza el ocaso. Claire Boucher es joven, y se ve aún más, pero demuestra una seguridad en el escenario al nivel de actos mucho más experimentados. Con sólo un sintetizador cubierto con flores y un par de bailarinas, logra vibrar a la gente con su dream pop preciosista en canciones como “Oblivion” o “Genesis”.
Llegado este punto de la tarde, las decisiones se tornan más sencillas, más fluidas, menos forzadas, por lo que simplemente nos dejamos llevar: nostalgia alternativa noventera con Wilco, hip hop con rimas de alta manufactura con Kendrick Lamar y finalmente el cierre. Ya no hay que elegir A o B, podemos tener ambas. Recordamos por un rato lo mucho que disfrutábamos escuchar a los Kings of Leon (antes de que fuera cool despreciarlos), y corremos para alcanzar el set de The Cure, que como era de esperarse, fue largo y sustancioso, reflejado en una cascada de grandes temas como “Lullaby”, “The Lovecats”, “Hot Hot Hot!” y cerrando con “Boys Don’t Cry”. No es viernes, pero definitivamente estamos enamorados.
La noche es joven por lo que todavía hay tiempo de ver de nuevo a los Black Angels en un after show, en donde nos vuelan los sesos con una amalgama de sonido e imagen que te dan un high sin haberte metido nada.
La última decisión del día: pizza metalera o comida hindú. Elegimos el curry, pero el lugar acaba de cerrar. Lástima, no siempre la elección está en tus manos.
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