Por Milton Barboza Arriaga
Fotos Daniel Anguiano para FILTER México, octubre 2012
Este fin de semana no se pudo evitar hablar en una fiesta sobre el Corona Capital, si asistiríamos los que estábamos ahí presentes, a quiénes veríamos, a qué hora llegaremos y demás extras propios del festival.
Y como hace mucho no sucedía, salió al tema el recuerdo de aquellos conciertos masivos que le dieron vida a nuestro país y sobre todo a la capital en los años noventa.
Vaya que algunos ya estamos maduros, por no decir rucos, pero eso no nos ha quitado haber vivido un sinfín de grandes aventuras en medio de un nacimiento de conciertos, que comenzaron por allá de 1991, 92, cuando por diferentes cuestiones que la verdad desconozco, pero que aplaudo, se dio la posibilidad de ver a las bandas rockeras nacionales de forma gratuita en diversos puntos del D.F.
Desde los estacionamientos de diversas facultades en Ciudad Universitaria, pasando por algunos de sus campos de futbol, así como en escenarios montados en deportivos como el Cuauhtémoc al lado de la delegación que lleva el mismo nombre, y terminando en el monumento a la Revolución en la colonia Tabacalera, donde en una noche se podían reunir hasta 20mil personas que lo único que buscaban era diversión por medio de la música.
Recuerdo perfectamente que muchos de esos masivos tenían también su parte altruista, cuando se pedía como cooperación voluntaria un kilo de arroz o frijoles, para después mandarlo a zonas marginadas de Chiapas y otros estados.
Era una época de verdad gloriosa en que el rock nacional tenía a sus máximos exponentes dando todo en el escenario (todavía lo hacen); en medio de slam gigantes, tuve la fortuna de ver a Los Amantes de Lola, Santa Sabina, La Castañeda, Café Tacvba, La Lupita, Maldita Vecindad, entre otros.
Incluso me tocó huir del monumento a la Revolución en medio de la cancelación de uno de los toquines, porque por esa zona pasaría la ruta de la “quema del Puma” previo al clásico del futbol americano universitario, los llamados “porros” corrían a diestra y siniestra en busca de algunos objetos de valor en el mercado de San Cosme, mientras los puesteros defendían lo suyo a punta de golpes y hasta palazos.
Fueron grandes tiempos que ahora lo siguen siendo con eventos como el Vive Latino y el que estamos por vivir este fin de semana, el Corona Capital que se ha convertido en el festival más aclamado de nuestro país y en el que, aunque obviamente se cobra por la cantidad de bandas que se traen, tenemos la posibilidad de disfrutar dos días de innegable calidad musical.
No importa si van fanáticos o no a la música, los tiempos han cambiado y como tal se deben aceptar, ahora es momento de seguir aportando nuestro granito de arena para que los grupos sigan llegando directo y sin escalas a nosotros, cada quien asimila de distintas formas la música, lo importante es disfrutar.
Recordar es vivir y entre esos históricos masivos y los nuevos festivales, la diferencia son los años, porque todo converge en la experiencia musical.








