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NOTICIA

[MutekMx Reseña] Amon Tobin

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Por Davo Peñaloza

Fotos Por José Miguel Barberena

Tras 6 días de actividad, el décimo Festival Mutek en México llegó a su fin. Este domingo se llevó a cabo la clausura de este excelente evento con un acto dignísimo para tales efectos. Desde Río de Janeiro, Amon Tobin, uno de los principales exponentes de la producción de música electrónica de los últimos 15 años, nos dejó boquiabiertos con su espectacular show de dubstep, minimalismo y sonidos ambientales acompañados de visuales memorables.

Después de una larga fila y mucha espera, en punto de las 20:29 una voz en el sonido local del Campo Marte anunció que estaba prohibido tomar fotografías con flash, para que un minuto después, las cortinas que tapaban el escenario se abrieron para descubrir una mole enorme de paredes cuadrangulares y rectangulares, mismos en los que los visuales comenzaron a ser proyectados. En medio de este gran muro (que nos recordaba algo a The Wall de Roger Waters, pero del futuro), se encontraba Amon Tobin dentro de un cubo transparente que permitía ver al productor brasileño quien portaba una gorra y su habitual piochita.

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El show llamado Invented Sounds Applied to Music comenzaba con visuales del espacio y una nave especial viajando por el universo entre las estrellas. En un inicio la música se basaba en sonidos experimentales y ruidísmo ensamblado de una gran manera, aunque aún no era nada bailable. El sonido del lugar era impresionante; las bocinas retumbaban y uno sentía como los bajos le atravesaban la caja torácica.

Poco a poco Amon Tobin le subía al nivel de baile. Antes de que éste detonara, podíamos disfrutar de música que nos remitía a ese incierto futuro de John Connor en Terminator, en donde los robots se rebelan para dominar al mundo entero. El concierto entraba en una etapa industrial; los visuales mostraban engranes, vigas metálicas y armoniosas pero no amigables máquinas de fábricas que se aliaban para construir música inteligente y electrónica basada en atmósferas ‘dubsteperas’.

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Poco después de que pareciera que Amon Tobin simulara viajar en una pequeña cápsula espacial dentro del cubo desde donde soltaba las canciones y tocaba algunos sintetizadores, éste salió de la misma para agradecer al público. Tras la gran ovación, el carioca volvió a su cubo y dio inicio a la parte bailable. Ahora era un set en el que seguramente Optimus Prime habría estado muy feliz y loco bailando esa electrónica robótica que segundo tras segundo nos seguía penetrando el cerebro. En dicho set sobresalió un remix hecho a “Putty Boy Strut” de Flying Lotus el cual nos hipnotizó aún más de lo que ya estábamos. Al final fue un set que duró cerca de la hora y cuarenta y cinco minutos en los que nos demostró lo importante y protagonizador que pueden llegar a ser los visuales dentro de un show. La verdad es que la música de Amon Tobin sí es muy buena, pero tampoco es nada del otro mundo; en este caso lo que provocó el delirio de los presentes fue la excepcional sincronía de los ya tan alabados visuales y un sonido que prácticamente era perfecto.

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