Foto cortesía Lulú Urdapilleta / OCESA
Por Mars
Una vez más, la sensación de plenitud llegó a mis oídos, aunque sea por un momento, ya que siempre espero el siguiente encuentro. Ahí estaban, esas luces en el escenario, ese instante en el tiempo una y otra vez, confías en que estás por presenciar un momento inolvidable.
Entonces aparecieron en el escenario, con la energía que los caracteriza, imponentes, cada uno en su respectivo lugar, llenos de complicidad y a punto de fundirse bajo una atmósfera de intimidad irresistible.
Comenzaron las manos de Alison ‘VV’ Mosshart, siguió Jamie ‘Hotel’ Hince, entonando la primera canción, no se escuchaba ningún instrumento, solo sus manos y el público los siguió.
Sí, habían comenzado, esa voz inconfundible que solo Mosshart podría poseer llenó cada espacio del recinto con una versión corta y a capela de ‘M.E.X.I.C.O’, de ahí hasta el final, cada nota de Jamie estuvo en sincronía con cada movimiento de Alison; la atracción se hizo presente y sé que algo más allá de lo que podamos percibir, los une.
Un dueto que quizá tenía pactado su futuro desde el momento de conocerse, al verlos desenvolverse con esa brutalidad en el escenario no puedes pensar en otra cosa que no sea lo bien que funcionan juntos.
Jamie tiene la elegancia británica y Alisson Mosshart la versatilidad americana, lo que los convierte en dinamita pura. Se unen bajo un mismo ritual, crecen juntos en el escenario con una sinceridad sublime en cada movimiento.
Y es así como empieza a latir el corazón de los espectadores, todo es un derroche de sensualidad, la ferocidad con la que entonan sus canciones, misma con la que se vuelven uno con el público; las miradas lascivas de Mosshart, fascinada con el movimiento que el aire logra en su cabello; la fuerza de los riffs que obtiene Hince; todo, absolutamente todo, hace que te vuelvas loco y quieras buscar esas miradas mientras sientes en tu cuerpo cada vibración.
Suena ‘Black Baloon’, mi corazón se estremece, los sonidos profundos y fuertes empiezan a propagarse lentamente, esa canción de despedida en la que esta vez solo participa Mosshart, imponiendo al público su figura y cantando cada estrofa acompañada del sonido de las palmas que llevan la canción.
Cada sonido que nos regala The Kills puede hacerte cerrar los ojos y gozar de las melodías o bien puede acelerarte el corazón y llenarte de adrenalina, inclusive si estás hasta el frente sin poder respirar, justo como se debe hacer en los conciertos.
Jamie habló para decir que realmente somos el mejor público en el mundo, sea verdad o no, la noche de ayer The Kills nos llenaron de energía, nos dieron la satisfacción de escuchar muchas de nuestras pistas favoritas y nos hicieron gritar por el clásico encore, en el que, por cierto, Mosshart regresó prendiendo un cigarrillo para interpretar como nunca ‘No Wow’.
Aunque sabemos que no fue el último adiós o eso esperamos siempre, Jamie y Alison nos cantaron ‘The Last Goodbye’ para cerrar un concierto impecable; con esta última canción nos acercaron inevitablemente a la nostalgia en su lado más amable, sí, ellos lo hicieron de nuevo.










