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NOTICIA

Sufjan Stevens en el Kings Theatre de Brooklyn, Nueva York

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Por Francesca Beltran, corresponsal en Nueva York

No fue una sorpresa que escuchar a Sufjan Stevens tocar Carrie & Lowell en vivo fuera una experiencia profundamente conmovedora. Después de todo, el álbum es una reflexión acerca de la complicada relación de Stevens con su madre, Carrie, y del impacto que tuvo en su vida su abandono. Es a través de su disco más personal que el compositor trata de asimilar una pérdida que sucedió muchos años antes de que Carrie falleciera en 2012, dejando un sinnúmero de dolorosas preguntas sin responder.

El concierto se llevó a cabo en el espectacular Kings Theatre en Brooklyn, y comenzó con la delicada pieza instrumental, “Redford (For Yia-Yia & Pappou).” Durante la primera hora el músico se dedicó exclusivamente a tocar el material de su nuevo álbum, sin dirigirse a la audiencia. Era sólo el cantante con su música y sus visuales, que iban de videos caseros a maravillosos paisajes, rindiéndole homenaje a la memoria de su madre. Cada canción fue ejecutada con un sentimiento prácticamente tangible, acentuado por sus emotivos falsetes y profundas letras.

Should I tear my heart out now? Everything I feel returns to you somehow,” cantó Stevens, estremeciendo al público. En verdad es difícil que canciones tan personales que hablan de un tema así de sensible no evoquen una reacción sumamente emocional. “Carrie & Lowell,” por ejemplo, utiliza un video que muestra a una familia feliz, para transportarnos a un momento en la vida del músico en donde todo parecía estar bien, y es entonces que uno se pregunta, ¿dónde está ésa madre sonriente?

El momento culminante llegó con “Fourth Of July,” la cual terminó con Stevens en el piano repitiendo, “We’re all gonna die,” mientras la música ganaba ímpetu acompañada de un espectacular juego de luces. En realidad, es a través de los visuales, la instrumentación y los arreglos, que Sufjan logra convertir sentimientos tan humanos en algo majestuoso.

Después de una hora seguida de Carrie & Lowell, el músico rompió el silencio y se dirigió por primera vez a la audiencia, primero con un agradecimiento y después con un monólogo que demostró un gran sentido del humor. Ahí estábamos todos, con clínex en mano, riéndonos con él de sus múltiples anécdotas. Esperábamos un alma en pena y ahí estaba éste extraordinario hombre haciendo reír a todo el teatro. Ésta fue, sin duda, la más gratificante sorpresa de ver a Sufjan Stevens en vivo.

La segunda mitad del concierto, que duró un total de dos horas, fue dedicada a antiguos éxitos, incluyendo “To Be Alone With You,” “Sister” (que le dedicó a su hermana) y “The Dress Looks Nice On You.” Con un ánimo completamente distinto Stevens terminó el show bromeando con el público, agradeciendo a su padrastro Lowell por estar ahí, y dedicándole “For the Widows in Paradise, For the Fatherless in Ypsilanti.” ‘I love you very much‘ fueron sus últimas palabras esa noche, ¿para nosotros? ¿Para Lowell? ¿Para su madre? En realidad no importa. Stevens se despidió con una fantástica rendición de “Chicago,” y por su parte, el teatro entero lo despidió con una merecida ovación de pie.

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