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Kings of Convenience: el grupo que venera el silencio

Por Lucero Erandi

Un largo sabor de tristeza, una mezcla de leve dulzura con un poco de amargura. En sus palabras, las canciones de Kings Of Convenience están apegadas a la desilusión.

No es por dinero, no es por fama, no es por compromiso. Si Erlend Øye y Eirik Glambek hacen música es por gusto y porque sienten que tienen algo qué expresar. Si por ellos fuera no concederían entrevistas ni se harían promoción, sólo serían ellos y sus guitarras sin más intermediarios. Que después de 12 años quisieran reunirse nuevamente para sacar la canción “Rocky Trail”, el primer sencillo de su próximo disco Peace Or Love (programado para el 18 de junio en EMI), es porque de verdad querían hacerlo. Siempre ha sido así.

Desde su disco debut, Quiet Is The New Loud (2001) (El Kindercore y Versus ellos no los cuentan en su discografía), Kings Of Convenience dejó en claro lo que buscaban. El título lo decía todo. Los silencios, los espacios y los sonidos apacibles también pueden ser contundentes.

No había necesidad de sonidos eléctricos, ni batería, ni un bajo, tampoco sintetizadores, sólo dos guitarras acústicas y las voces de ellos, que nunca tuvieron intención de coordinar, pero se sincronizaron tan bien que los llegaron a llamar los “nuevos Simon and Garfunkel”.

En Noruega, el país que creó su propio black metal y donde las noches de fiesta estaban llenas de música con tintes electrónicos, dos veinteañeros se rebelaron a ese sonido sólo con dos guitarras y voz suave. No hay gritos, locura o impulsos. Pensarán, ¿qué de emocionante tiene eso? exacto, en eso está lo atrayente. No necesitaron emperifollar de elementos sus composiciones para que fueran escuchadas y atemporales. La tranquilidad es a veces denostada.

Su música no es bailable y aún así, una de sus canciones más populares es “I’d Rather Dance With You” (Riot On An Empty Steet, 2004). Una ironía para composiciones que no necesariamente provocan contoneos o arranques de movimiento.

Bergen, el pueblo de Noruega de donde provienen, tiene a otro dúo, que a diferencia de Kings Of Convenience hace música electrónica y es muy reconocido, que también a inicios de 2000 hizo su debut: Röyksopp. Quizá por ello en su lugar de origen ellos no tuvieron tanta fama ni atención.

Pero en Londres, el sello francés Source los escuchó y quiso trabajar con ellos porque su sonido no era como nada de lo que estuviera sonando en ese momento. La compañía que había producido a bandas como Phoenix y Air consideró que lo que Erlend y Eirik hacían era extrañamente cálido. ¿Quién tocaba sólo guitarras sin más elementos a inicios del 2000?

Entre todas las olas musicales que surgieron en ese periodo incierto, hubo una a la que la prensa británica nombró “el nuevo movimiento acústico” (The New Acoustic Movement), y ahí situaron a Kings Of Convenience.

El periodista noruego Ørjan Nilsson, quien los siguió por años, cuenta en su libro Quiet Is The New Loud (2014), el único trabajo oficial hecho sobre Kings Of Convenience, que en 1996 Oasis dio una presentación en Londres a la que asistieron unas 250 mil personas. Eran los finales de la era britpop. Dos años después, en esa misma ciudad, dos jóvenes desconocidos de Noruega hicieron su debut.

Ellos de alguna manera fueron parte de un mensaje: En Inglaterra ya no había inspiración, la música nueva ahora podía llegar de cualquier parte, como Alemania, Canadá, Estados Unidos, Islandia, Australia y sí, también de Noruega.

Pero su disco debut va más allá. El nombre del álbum no es un simple título, es su postura ante la música: El silencio es el nuevo caos. Ellos no tienen mánager, las entrevistas y promociones no les interesan. Rechazaron tocar con Sting, no buscan ser populares o vender más discos. Sólo tocar sin importar la época. No hacen caso al barullo de las modas musicales y lo que vende.

En veinte años se han apegado a su sonido y lo han defendido. En sus inicios, cancelaron una serie de conciertos en Estados Unidos, que posiblemente los pudieron haber hecho más reconocidos. Sus motivos fueron claros: estaban en contra del gobierno de George W. Bush y su intromisión en Afganistán.

Incluso cuando productores como Ken Nelson, Philippe Ascoli y David Whitaker, quien trabajó con The Rolling Stones, querían meter más elementos a su sonido, ellos se rehusaron y se mantuvieron fieles al estilo que querían.

Quizá de haber seguido esas fórmulas, habrían terminado como Coldplay, banda que produjo Nelson y de la que Eirik opina, no como halago, que tienen un “sonido pegajoso de radio”, cuenta el periodista Orjan Nilsson.

A su modo, durante 20 años el grupo reincide en estilos similares en las portadas de sus álbumes: vegetación y estilos rústicos, que evocan la madera. Son como una bienvenida a un hogar que aunque cambie mantiene pilares y elementos constantes. Primero estuvieron afuera de una cabaña, después adentro. En ambos estaba la misma mujer, primero abrazada por Eirik, luego seduciendo a Erlend.

En su último disco, Declaration of Dependence (2009) ya no hay cabaña. Erlend mira erguido al horizonte infinito del mar y Eirik en posición encorvada, de espaldas, toca su guitarra en un lugar donde se advierten más personas. Así de opuestos eran. Sus visiones de la música eran diferentes, pero cuando congenian lo hacen en total sintonía.

Hay otro álbum que posiblemente nunca grabarán, The Unrecorded Record (2016), canciones que sólo tocaron como una pequeña gira de siete conciertos en Dinamarca, Suiza y Alemania y que solo escucharon quienes los vieron. No hay registro de esas canciones.

El silencio de Kings of Convenience siempre será incierto. Después de 12 años y una pandemia mundial, se escuchan los primeros acordes de una nueva canción.

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