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COBERTURA

A Place To Bury Strangers: El mejor lugar para enterrar extraños es el Circo Volador

Fotos/Texto: José Ignacio Hipólito

Han pasado más de 15 años desde que A Place to Bury Strangers empezó a producir caóticas ondas sonoras con toques góticos, de shoegaze y de noise. Desde entonces, han pasado cosas inconcebibles en la llamada “música subterránea”, pero sin importar cuántas bandas hayan nacido y creado nuevas maneras de acercarse a la música, el sonido, la esencia y el alma de APTBS sigue intacta.

Aún se puede escuchar “Missing you”, la primera canción del primer álbum de la banda, y se sigue sintiendo esa emoción por descubrir sonidos inéditos. Aparentes guitarrazos sin sentido armonizan al 100% con una voz hundida en eco por alguna razón que no logramos entender.

Es por ello que a pesar del tiempo que haya pasado, los conciertos de APTBS siguen sintiéndose como agasajos musicales y el que se llevó a cabo el 21 de julio del 2022 en el Circo Volador no fue la excepción.

La banda liderada por Oliver Ackermann sigue teniendo la misma energía catártica que los ha caracterizado desde que los calificaron como “la banda más ruidosa de Nueva York”, en aquella época cuando apenas tocaban sus primeros shows en la ciudad que los vio nacer.

Nada ha cambiado. Las guitarras siguen volando por los aires, la distorsión de las decenas de pedales sigue siendo abrasadora, los tambores siguen retumbando hasta romperse y la atmósfera que se crea con la energía combinada de la banda y la audiencia es inigualable.

No importa cuántas personas haya en la audiencia, 5,000, 100 o 20, en un show de APTBS siempre vas a sentir que te metiste a una lavadora, saliste, inhalaste cocaína por los oídos, te atropellaron y después, cuando ya todo terminó, te dieron un golpe en la nuca. Todo eso menos el dolor. Y es que al empezar con una canción como “Dragged in a Hole”, la gente pierde el control de sus funciones motoras hasta que termina la última nota, de “Have You Ever Been In Love”.

Oliver y compañía se encargaron de que el lobby del Circo Volador se transformara en uno de los pedales de la banda. Nos pisaron incontables veces, nos resbalamos, nos dieron patadas, nos cayeron piezas de madera de guitarras rotas en la cabeza, y aun así, sacaron de nosotros el sonido que APTBS quería: gritos por escuchar más y más canciones.

La prueba más grande de que la audiencia es parte integral para el show en vivo de APTBS es que a mitad del concierto, Sandra Fedowitz, la baterista, levanta su tarola, se baja del escenario y se coloca en medio de la gente, para que después de le una John Fedowitz con su bajo, y al final, Oliver con un cajón lleno de pedales de efectos para su voz, un micrófono y algunos sintetizadores.

La gente que les rodea grita y por lo tanto se vuelve parte del feed que entra al micrófono de Oliver, y así, el caótico sonido de la banda se vuelve aún más caótico.

Si aún no han tenido la oportunidad de ver a la banda en vivo y en estos días tienen la oportunidad. NO LA DEJEN PASAR. Aún van a tocar en Querétaro, Guadalajara y Monterrey.

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