El enigmático proyecto musical Paradiso ha lanzado su álbum debut, El Ángel Exterminador, presentado como un «ritual palindrómico» y una «clave» sonora más que un disco convencional. La formación, que se describe a sí misma como «una banda europea con alma mexicana», está integrada por un colectivo de mujeres europeas y un mexicano de ascendencia tolteca al frente. Su propuesta es componer «himnos para un mundo que ya no existe».
El álbum es el resultado de una grabación transcontinental y una mezcla inusual de elementos. Fue grabado en tres continentes con la participación de más de 30 músicos, utilizando desde un micrófono de estudio vintage hasta una calculadora Casio como instrumento. El trabajo se erige como un collage multicultural que incluye desde un poema en francés sureño y una voz chamánica en maya, hasta una «cumbia rota» grabada en una iglesia abandonada de Lisboa.
La obra está envuelta en un aura de misterio y simbolismo. Circulan relatos sobre su producción, como que los silencios entre pistas fueron editados para coincidir con pulsos lunares o que contiene una voz «no humana». Musicalmente, fusiona géneros dispares como guitarras post-punk, boleros glitch y samples de cine mexicano, creando un sonido que los autores denominan «post-humano».
Con declaraciones como «este disco no es música, es una puerta» y «Paradiso no es una banda: es un presagio», el proyecto se posiciona como una ofrenda artística conceptual. Se presenta como un testimonio cifrado para el futuro, dirigido a aquellos que «escarban entre los escombros buscando belleza», desafiando deliberadamente la lógica de consumo musical gobernada por los algoritmos.






