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NOTICIA

Crónica de un festival anunciado: Día 2 de Outside Lands

Texto y fotos por Amhed Bautista

Empezó el segundo día de Outside Lands y en San Francisco despertamos con la noticia del oro de México. No logramos ver el partido y eso nos frustraba un poco, sin embargo, era mayor la alegría por el triunfo que el dolor de no verlo.

Decidimos irnos a explorar la ciudad y llegar un poco más tarde al Parque. Habíamos investigado un poco y todo indicaba que la mayoría de las cosas que queríamos ver estaban en Haight Street o cerca de ahí.

Haight Street es como Sunset o Melrose de Los Ángeles. Ahí están todas la tiendas necesarias en un día. Y para nuestra ventaja también hay un Whole Foods al fondo de la calle donde pudimos desayunar/comer por un muy buen precio.

Justo frente a Whole Foods está Amoeba y, como deben de saber, es parada obligada. Esta sucursal es la segunda tienda que abrieron (en 1997) de las 3 que tienen. La primera fue en Berkeley y la tercera en Los Ángeles (ésa que muchos visitamos año con año). El tamaño de la tienda es enorme, y está construída en un antiguo boliche.  Para los que aún consumimos discos, viniles o serigrafías de concierto firmadas y numeradas, Ameoba es el mejor pretexto para pasar un par de horas buscando y buscando el próximo tesoro.

El siguiente objetivo sería encontrar la galería Upper Playgound. Esa legendaria galería que se caracteriza por exponer el fine art y low brow de artistas gráficos y urbanos contemporáneos como Sam Flores,  Alex Pardee y del fotógrafo Estevan Oriol. La dirección decía Fillmore y Haight Street, lo cual es justo al otro extreme, mismo que nos ayudó a recorrer toda la calle y después de 20 cuadras con  un sin fin de tiendas, graffittis y casas de colores de increíble arquitectura, por fin llegamos.

Para nuestra suerte tienen la expo más reciente de Jeremy Fish llamada Where Hearts get Left y pudimos verla. Si alguno de ustedes piensa venir a San Francisco antes del 24 de Septiembre, la galería y la expo son imperdibles. Pueden ver más información en este link.

Después de comprarnos algunas piezas y libros, nos dimos cuenta que el tiempo se había ido volando y debíamos irnos ya a Outside Lands. La ventaja: al final de Haight St. empieza el parque. La desventaja: ¡No imaginábamos el tamaño real! Nos tomó más de una hora cruzarlo y justo cuando nos faltaba otra media hora un shuttle nos rescató y nos llevó hasta la puerta.

Desgraciadamente ya nos habíamos pedido a Tame Impala y Portugal the Man, pero llegamos justo a tiempo para ver a Alabama Shakes. El escenario de la entrada (Sutro) no podía albergar a más gente, la banda tenía la cantidad de público digna de un escenario principal. Supongo que todos los que estabamos presentes, desde la banda misma, pasando por el público y los organizadores.

De ahí, los siguientes actos que presenciamos fueron Explosions in the Sky (en el escenario principal) y a Big Boi en el secundario. Con el rapero, una vez más, el escenario quedó pequeño y la gente también se desbordaba. Incluso pudimos ver a algunos arriba de los árboles para poder tener una mejor visión del concierto.

La luz se iba y la neblina bajaba aún más temprano que cualquiera de los días anteriores. El frío era cada vez más intenso y llegó el momento de ver a The Kills. Volvimos a cruzar el parque/bosque para llegar al escenario principal de vuelta.

El show que dan Alison y Jamie siempre es garantía. Potente y a la vez entrañable. Ella “se come” el escenario, enamorando al public, mientras él, se mantiene serio y constante. Muy parecido a las últimas veces que los he visto, sólo que en esta ocasión había algo diferente: traían a 2 parejas (hombre-mujer) vestidos de piel y la cara cubierta con un paliacate como bandidos, que harían las percusiones en vivo para todas las canciones. Sin duda un buen extra para levantar el acto un poco más.

Terminando el set de The Kills, y ya con la neblina entre nosotros tocó el turno de decidir si veríamos a Sigur Rós quienes tocaban al otro extreme, o quedarnos en el principal a esperar a los locales, Metallica. Unos de nosotros decidimos esperar otros decidieron irse.

Quienes presenciaron a Sigur Rós cuentan que el show fue muy bonito y que tocaron canciones de los primeros discos, también comentan que el ambiente (neblina, un bosque, el frío) era el adecuado. Mientras, yo esperé a Metallica con la intención de correr a la mitad del show para alcanzar a ver algo de ambos, pero claro, la cantidad de gente y el cansancio lo impedirían y decidí al final quedarme a todo el show.

El setlist fue muy parecido al que presentaron en México y la escenografía es algo similar pero adaptado al escenario de un festival: No está ubicado al centro pero sí tiene diferentes niveles en los que están todos los micrófonos donde canta James Hetfield. También está construido con una especie de catwalks que le permite acercarse mucho al public para cantar cerca de ellos. La pirotecnia igual a la que vimos en el Palacio de los Deportes.

Es aquí donde yo esperaba que la gente de San Francisco recibiera a sus héroes locales con locura desmedida y ruido, pero para mi sorpresa, a pesar de tener el escenario lleno con decenas de miles de personas, la emoción no era la misma. Creo que hasta la misma banda se dio cuenta. O tal vez es que siempre será difícil ver a una banda en México y después verla en otro país. Sin duda somos un público muy ruidoso.

Para el final del show y con canciones del Black Album (ayudados de mucha pirotecnia), por fin la gente empezó a aplaudir, cantar y gritar.

En fin, fue un muy buen segundo día. Combinando lo visto en la ciudad y lo vivido en el festival.

Llegó entonces el momento del viacrucis que implica volver al hotel y decidimos volver a Haight Street para comer algo antes de buscar un taxi. Por accidente entramos a un lugar que resultó ser mexicano. Unos burritos preparados por nuestros paisanos serían el cierre perfecto para el día que inició con una medalla de oro para nuestro país.

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