Skip to content

NOTICIA

[Editorial] Austin, Viaducto Piedad y Río Churubusco

Yokozuna1

Por Arturo Tranquilino, guitarrista y vocalista de Yokozuna

Foto Rodrigo Jardón tomada en SXSW 2013

En mi breve paso por el mundo de la psicología era común presenciar que en la facultad los maestros se inventaran dinámicas dentro del salón de clases sin ningún fin terapéutico o didáctico y que solo servían para crear la ilusión de que no estábamos tirando nuestro dinero a la basura cuando al docente se le acababan los temas. En una de estas dinámicas al alumnado se nos pidió que en una hoja redactáramos una carta dirigida a nuestro otro yo de ocho años. Así es, fusilándose a la cursi película de Bruce Willis donde por un acto misterioso se encuentra con su versión infantil para darle una lección de vida, la maestra dio rienda suelta a su psicoterapia barata de tarjeta Hallmark. Al principio, como era mi costumbre, me reí y decidí salirme del aula para fumarme un cigarro. Pero al terminármelo y no tener nada mejor que hacer decidí regresar al salón y seguir la corriente. Cuando me senté a escribir sobre el papel me di cuenta de mi horrible realidad. A mis 21 años lo único que podía decir sobre mi vida es que estaba sepultando mis sueños bajo el aplastante peso de la rutina del profesionista y que el momento más divertido de mi día era cuando comía tacos de canasta de chicharrón afuera de la facultad de odontología. Me deprimí.

Un año después armados tan solo con nuestros instrumentos y con un hambre voraz por conquistar el mundo y acompañado por un puñado de fieles amigos, mi hermano y yo  empezamos el viaje del bohemio; tocando en todos las fiestas y bares posibles, aguantando que solo nos pagaran con chelas (cuando nos iba bien) pero eso sí, haciendo todo el escándalo posible para que la gente nos volteara a ver. Y al parecer este fue lo suficientemente estruendoso para tener la fortuna de participar en una mini gira que en el transcurso de una semana nos llevaría al festival South by Southwest (SXSW) en  Austin, Texas y al Vive Latino en el Foro Sol de la ciudad de México.

Primera parada: Austin o de cómo los Texas Rangers secuestraron la camioneta

Después de las típicas carreras por llegar a tiempo al saturado aeropuerto de la ciudad de México, mi hermano y yo nos relajamos en un bar de la sala de abordar. Después de unos tragos y recordar a viejos amigos nos subimos al avión. Y por qué no, pedimos otra cerveza para el trayecto. En el avión nos acompañaban nuestros amigos buena onda de Ache y Filter, y en poco tiempo nos encontrábamos aterrizando en San Antonio para de ahí tomar una camioneta que nos llevaría a la ciudad que en marzo se voltea de cabeza por un festival: SXSW.

Este evento dura varias semanas y tiene una sección de cine, una sección de paneles de discusión con músicos como Dave Grohl y Nick Cave, expos de arte, discos e instrumentos musicales y showcases de cientos de bandas de todo el mundo con la única filosofía de que la música es primero y el glamour queda de lado. Así pueden disfrutar y ver a Jack White tocando en la calle con un PA básico o a una banda nueva como ZORCH, reventando un bar con capacidad de apenas 100 personas, mientras que HOLE toca en el restaurantito de al lado. La emoción como podrán imaginarse era mucha pero la paciencia es un factor importante en estas situaciones y en este viaje sería puesta a prueba como nunca.

Con solo alcohol en el estómago y en un aeropuerto donde lo único que había eran maquinitas de refrescos y stands para enrolarse en la armada norteamericana, tuvimos que esperar que los Molotov con su crew aterrizaran. Una vez que cruzaron migración y aduana estábamos listos para movernos, pero uno de nuestros compañeros pisó un clavo oxidado lo que provocó que el staff médico del lugar en un despliegue digno de cualquier capítulo de ER lo atendiera, demorando más nuestra salida y haciendo más intensa nuestra hambre.

Después de ver que todo estaba bien y que la herida sólo era superficial tomamos la camioneta. Con mi espíritu aventurero tomé la iniciativa de manejar la carretera hasta el centro de convenciones de Austin. Con miedo a sonar malinchista, déjenme contarles que si alguna vez han soñado con un lugar donde se puede manejar sin que le avienten el coche, sin que le toquen el claxon, o sin la posibilidad de caer en el abismo de un bache, este lugar existe cruzando la frontera. Con una velocidad constante de 100 km por hora y, acompañados de Classic Rock Radio FM y su programación con grandes éxitos de carretera como “Low Rider” o “Highway to Hell”,  llegamos al centro de la ciudad hogar de Stevie Ray Vaughn. A mi hermano lo esperaba una amiga así que en cuanto llegó se desapareció y no lo volví a ver hasta el día siguiente.

Estacionamos la camioneta y tuvimos la suerte de ver a los maravillosos The Polyphonic Spree dando un show enfrente de 200 personas. Saliendo de ahí recordamos que no habíamos comido y manejamos unas cuadras para llegar al IHOP de los hipsters; el 24 Hr. Diner. Sin pena ni culpa ordené un omelette hecho de 10 huevos, queso gruyere y jamón que apenas llenó el hueco enorme en mi estómago y mientras pagábamos la cuenta nos percatamos que algo pasaba afuera. Policías iban y venían y el dueño del lugar se veía a cada momento más nervioso. Justo después de recibir nuestro cambio el mesero nos pidió a todos que evacuáramos el lugar. Al parecer en la tienda de muebles antiguos que se encontraba al lado del restaurante unos maleantes armados con armas de alto poder encontraron un refugio temporal de las fuerzas policiacas texanas.

¿Cual fue nuestra sorpresa al salir? Que nuestra camioneta, con instrumentos, equipaje, computadoras y ropa, estaba siendo usada por los policías como barricada por si los malandros decidiesen disparar. En medio de risa, enojo, cansancio y una incredulidad ante lo que estaba pasando dejamos correr el tiempo. Fuimos testigos de cómo unas hijas ilegítimas del clan Kardashian, en evidente estado de ebriedad gritaron improperios en contra de los representantes de la ley. Nos reímos del camión de bomberos que junto con agentes encubiertos en coches de civil y dos que tres francotiradores rodearon el perímetro  y todo para que a las 5.30 de la madrugada, pudiéramos por fin sacar la camioneta después de que los pobres bandoleros fueran arrestados. Nosotros buena onda y tranquilos decidimos por fin ir a dormir aunque fuera unas horas.

Al día siguiente después de hacer la prensa necesaria decidí tomar una botella de agua y recorrer la ciudad en busca de tiendas de discos y bandas nuevas. No había tiempo para sentir el cansancio, ya dormiría después. En todo el día no paré de caminar. Cuando tomé un descanso en un bar fui testigo de cómo el cantante de la banda en turno paró el show para que todos le diéramos la bienvenida a su bebé que acababa de nacer en su hogar de Kentucky. Puso el teléfono celular en alto y grabó el mensaje de su público con lágrimas en los ojos. Creo que todo el público en el bar lloró. Pero así es como se logra que los sueños se hagan realidad. Con sacrificios y el amor de la gente que cree en ti.

El momento del show llegó. El bar llamado North Door fue el campo de batalla. La querida Noel se encargó que todo estuviera en orden para que solo llegáramos a tocar. El público se puso increíble. No voy a entrar en detalles, solo diré que no hay nada más hermoso que ver a chavitas gringas springbreakers alcoholizadas, gritando con su parco español “¡SEXO y MARIGUANA!”. El cierre con broche de oro del showcase lo puso Molotov y todo mundo se fue contento a casa. Unas pocas horas después estábamos de regreso en México. Gracias Austin, gracias gringos locos y gracias mexicanos texanos. Gracias amigos.

Siguiente parada, Foro Sol

No hubo tiempo para descansar. La emoción de tocar en un Vive Latino siempre provoca insomnio y más cuando toca estrenar cuatro temas nuevos.  Después de pelearse con los polis de la entrada de artistas, relajarse con los amigos en el camerino y asegurarse de que todos tuvieran pulsera, nos dirigimos a hacer la gira de prensa, firma de autógrafos y meet and greet. Los minutos se hacen horas que se pasan rápido como segundos. Tanto tiempo que se prepara uno para este momento y dura tan poco. Cuando abrimos los ojos ya estábamos arriba del escenario frente a un lleno total mientras Eric “el Niño”, tiraba unas rimas en una versión única de la misma rola que gritaban las springbreakers en Austin. Nos bajamos del escenario y antes de festejar nos abrazamos y dimos gracias al universo por ese momento, por esa semana y por la fortuna de estar vivos y haciendo música. Y como cuando de niño te subes a la montaña rusa, apenas te bajas y ya te quieres volver a subir.

Camino a casa, después de ver a otras bandas del festival, festejar con los amigos y asegurarse de que toda la familia estaba sana y salva en la camioneta con nosotros, pensé en aquella carta que le escribiría a mi otro yo de 8 años. Creo que hoy por fin se lo que le diría a ese Arturo regordete de shorts y playera de Batman después de contarle mis aventuras y desventuras en nombre de la música. Le diría: “amigo, quizá no tengas casa propia, un perro, familia y un yate con tu nombre, pero vas a hacer música, tendrás fieles amigos a tu lado y te la vas a pasar muy, muy, muy bien”.

 

Noticias relacionadas

Volver arriba