EELS
Wonderful, Glorious
E Works/Vagrant Records/ Universal Music México
80%
Mark Oliver Everett continúa haciendo examen autobiográfico. A sus 49 años, compone con la seguridad de quien tiene dominado el arte de la melodía. Sin embargo, aunque es posible considerar a Wonderful, Glorious como un álbum maduro, no nos atreveríamos a decir que lo es tanto por el sonido de la música como por el contenido y perspectiva de sus letras.
Años después de la publicación de sus páginas autobiográficas, tituladas Things the Grandchildren Should Know, nunca antes habíamos escuchado el bajo timbre del señor E cantar en primera persona acerca de sensaciones y experiencias más que meditaciones o posturas. A pesar de un inicio amargo (“I’m tired of being a mouse”), en la mayoría de las canciones prevalece un sospechoso optimismo y hasta añoranza amorosa, envuelta en distorsiones y ruidos que consiguen acomodarse entre el resto de la instrumentación.
Más que maravilloso y glorioso, tal cual su nombre, el disco parece la compilación de confesiones de un compositor en paz con su propia soledad y que no necesita tanto expiar sus crisis emocionales. “Bombs away” no es ningún primer track explosivo, ni en potencial ni a contrarreloj; “Kinda fuzzy”, segunda canción, es también el estado de ánimo con el que uno detecta un problema de versodependencia.
Por supuesto, es una sensación que se disipa entre track y track. “Stick together” manifiesta rasgos de mayor organicidad entre letra y música. Algunos compases inevitablemente roban nuestra atención (“Wonderful, glorious”) y algunos versos suenan igual de melodiosos que la música que los transporta (“New alphabet”, “Accident prone”).
El mayor problema de Eels siempre ha sido la clasificación comercial. A pesar de su singular y humorística perspectiva ante asuntos aparentemente oscuros como la muerte y la depresión, un aura distinta domina las riendas de su popularidad.
Por otro lado, eso les ha permitido publicar música fuera de lo común y descaradamente retro, aún dentro de su propio estilo. Debido a ello, es imposible decir que el señor E no es un compositor inteligente, un artista sensible o un intérprete brillante. Tampoco es posible acusar a Wonderful, Glorious de carecer de imaginación musical para los instrumentos y las palabras.
Aunque siempre por encima del promedio, la música del señor E difícilmente ha alcanzado los primeros sitios entre lo mejor del año. Su último disco suena a madurez estilística estancada en el análisis de las crisis personales. Sin embargo, nos coloca privilegiadamente en el sillón de su terapeuta, para cuestionarlo, comprenderlo o cantar al unísono.
Posiblemente, el último track, que lleva el título del disco, sea el que mejor represente las virtudes del conjunto. Con la acostumbrada discreción, sutileza y mesura, una instrumentación más compleja y novedosa se distingue como el valor principal de este álbum, sucesor de una colección de grandes éxitos ante la que se planta dignamente como un material cuya novedad, no obstante, depende en gran medida de los versos que canta.
ALEJANDRO MURILLO






