Por Ernesto Olvera
Son tiempos en donde la misoginia en la música en pleno 2013 se ha ido haciendo más evidente con publicaciones en Tumblr, y comentarios que las mismas artistas hacen a través de su Twitter. Laura Clock, es otro de los ejemplos que ha tenido que lidiar con diversos señalamientos sobre quién es la persona que produce sus canciones; sin embargo, la realidad es que ella es la única que le ha dado vida a los pasajes entrañables de su propio universo bajo el alias de Butterclock.
Fácilmente la pueden comparar con Grimes, y tiene sentido; ambas emergieron de la corriente post-internet denominada como ‘witch-house’ a finales de la década pasada, en donde diversos dúos comenzaban a adoptar estilos de la música electrónica como el techno para mezclarlos con lo gótico y el ambient, sólo que Laura Clock fue destacando un poco más por prestar su voz para uno de los productores que logró sobrevivir a esta camada, oOoOO, y con ello ha ido forjando una mayor personalidad dentro de sus propias composiciones, ya que de manera inicial Butterclock parecía un simple experimento de alcoba que se iría muriendo con el tiempo, aún cuando el tono hipnótico que porta su voz fuera capaz de convertir canciones de Rick Ross en una endemoniada joya pop como “Hustling”.
En estos años, Laura decidió escapar de Francia para tener como base de operaciones Berlin, y así echar a andar sus planes para crear su propio sello discográfico de nombre Fantasy Music, el cual de entrada le hace toda la justicia posible a lo que Butterclock crea dentro de tan solo dos minutos en piezas como “SORRYLOVE”. Pasando desde el R&B, la sensualidad de clásicos pop de los 90s, y una imagen adorable para esconder altos niveles de maldad, son lo que complementan a la perfección este personaje que en los últimos meses ha ido sacudiendo el Internet por medio de su primer lanzamiento oficial, First Prom, mismo que de manera inicial sólo se podía adquirir en su formato de casete, pero que actualmente ya está disponible desde iTunes.
Además, sus melodías portan una magia muy particular y constantemente van cambiando de forma aunque se perciban en ambientes muy simples y nada complejos. Por un lado, en “Milky Words” aparece un tenue linaje que proyecta la imagen de un acto tratando de emular la esencia natural del trip-hop, sin dejar de lado la estética DIY que ha acompañado a Butterclock desde su primer día.
No le teman a los tonos color pastel que componen la imagen de esta figura de quinceañera, es un synth-pop compuesto de pura calidad.
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