Por Pamela Escamilla
Fotos Fernando Aceves/OCESA
Casi cinco años después de que Chris Cornell visitara la Ciudad de México, por fin llegó el día en que Soundgarden tocaría en nuestro país. Un Palacio de los Deportes que no estaba lleno (aunque la gente fue acomodada estratégicamente) auguraba un concierto mediano. Afortunadamente no fue así.
La banda de Seattle inició el show con «Searching with My Good Eye Closed» y desde la segunda canción complacieron al público con uno de sus grandes éxitos, «Spoonman”, que seguida de “Jesus Christ Pose” puso a todos con la mejor actitud.
La banda, conformada también por Kim Thayil en la guitarra, Ben Shepherd en el bajo y Matt Cameron en la batería (este último ya había estado en nuestro país como integrante de Pearl Jam) tocó desde rolas como “Burden in My Hand”, de Down on the Upside, y “Never the Machine Forever”, canción del mismo disco que aseguraron que casi no tocan en conciertos, intercaladas con nuevas como “Been Away Too Long”, primer sencillo de King Animal, disco que promocionan actualmente, hasta clásicas como “Hunted Down”, que no sólo es el primer sencillo de la banda sino que solía ser la música de espera en el teléfono cuando uno llamaba a Sub Pop en plena década de los ochenta.
“Loud Love” y “Fell On Black Days” nos llevaron de regreso a los tardíos 80 y tempranos 90, mientras que “A Thousand Days Before” y “Blow Up the Outside World fueron de las más coreadas.
Después de “Rusty Cage” y una falsa despedida, la agrupación regresó al escenario para interpretar, entre otras “Black Hole Sun”, de Superunknown, y cerrar, ahora sí, con broche de oro gracias a “Slaves & Bulldozers”.
Fueron más de dos horas a altos decibeles durante las que se demostró por qué Soundgarden fue icono de una época, la primera banda grunge que firmó con una discográfica grande y hasta fuente de inspiración para una novela de Simona Vinci.
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