Texto y fotos: Cristina Salmerón
Hay muchas razones para ir a un show de Sébastien Tellier. La primera, por supuesto, es la música; otra puede ser para bailar un rato, pero lo que más se agradece de él es su buen humor, sus discursos hilarantes y cómo pasa de lo electrónico a lo barroco en sus canciones.
Después de haber visitado México en el 2009, volvió. Aunque el show iba a ser en el Auditorio BlackBerry, se cambió al Polyforum Siqueiros, que recibió al músico francés. El mural de La marcha de la humanidad y esas manos tridimensionales que pintó Siqueiros, aparecieron justo detrás de Tellier, lo cual agregó dramatismo al acto en vivo.
Pasadas las 23 horas, Sébastien Tellier apareció entre luces, humo y notas que parecían salir de un órgano de tubos. Los gritos y los brincos entre el público llegaron con “Cochon Ville” y “Fingers of Steel”, que logró prender con su funk sexy.
“Ustedes disculparán, pero yo necesito tomarme mi tiempo entre canción y canción, unos 45 minutos nada más”, ríe el músico. Y así, entre rola y rola, Tellier pedía que le llevaran una cerveza, un cigarro, su guitarra, su teclado o, incluso, que el público le ayudase a cantar “La Cucaracha”.
Tellier va de del sonido barroco y caótico del piano a lo electrónico sensual de un sintetizador. A veces se sienta ante el teclado y otras toca solo su guitarra y se deja arropar por su tecladista y baterista. Dependiendo la rola, puede sonar a Daft Punk, a Air o a Bach, pero al final todo esto compone su estilo.
Aunque la mayoría del set list fue dedicado a la música de su más reciente disco My God is Blue, también pudieron escucharse éxitos como “La Ritournelle”, “Divine” y “Sexual Sportswear”, con la que cerró el show.







