Por Liliana Ruiz-Healy
Fotos Por José Miguel Barberena
10 años en México celebrando la creatividad y la tecnología a través de la innovación y experimentación audio-visual y musical: El espíritu de Mutek, fue representado por The Brandt Brauer Frick Ensemble, recreando su música de una manera ambiciosa en un plano acústico en vivo, dando inicio a la sección de A/Visión.
Dentro del silencio de un público muy atento se podía escuchar un alfiler caer al piso del Teatro de la Ciudad de México. Daniel Brandt, Jan Brauer y Paul Frick, un piano, cuerdas, instrumentos de viento, percusiones y beats, es lo que necesitan para crear techno de una manera muy diferente de la que estamos acostumbrados, forzando a su público a poner atención a cada detalle.

Con el trío aumentado a 10 músicos, se veía y sentía como un concierto de música clásica. La instrumentación: Una batería, un piano, un violín, violonchelo, arpa, un moog, un timpani y una marimba. Todo esto junto hizo que fuera una presentación impresionante, sobrada de vitalidad e imaginación.
Al ver a Brandt Brauer Frick Ensemble, se puede ver la representación nota por nota de lo que se escucha en sus discos. Por definición la polirritmia sobre polirritmia es imposible, pero ese es el tipo de caos que pasa al verlos en vivo y es una experiencia que literalmente te deja boquiabierto.
Escuchamos consentidas como: «Mi Corazón», «Pretend» y «Skiffle It Up». Cada canción, una experiencia diferente. Pudimos ver como Paul Frick en ocasiones se pasaba del piano, al timpani y dials, Daniel Brandt se movía entre la batería y el piano, mientras que Jan Brauer el 95% del tiempo se quedo muy bien posicionado detrás de los único elementos electrónicos en el ensamble.
Todo momento demanda atención a los detalles. Ver como Frick toca el piano y se llega a tensar en momentos, leyendo y moviendo la larguísima partitura que tiene enfrente, para después tomarse una milésima de segundos y peinarse. La concentración con la que Jan cuenta tiempos en voz alta y moviendo el pie, para de pronto verlo pasar rápidamente a tocar las cuerdas del piano y crear tensión en ella mientras Brandt toca las teclas, y por otro lado Frick ya está jugando con los timbales y aventando un platillo sobre ellos.

También pudimos ver al trío sin su ensamble en su faceta más electrónica. Mientras Brauer y Frick juegan con los dials y las notas, Brandt se queda en su batería ignorando todo lo que está pasando, y eso le da un toque único a esta experiencia. Le quita seriedad a las canciones al ser menos calculadas, haciéndolas más frescas y espontáneas. Estos chicos podrían hacer de cada canción una versión diferente y tocar horas y horas continuas.
Durante el concierto, en un casi perfecto español, Paul Frick se encargó de presentar a su ensamble, explicar un poco acerca de lo que tocarían y contar anécdotas, entre ellas la de cómo uno de sus músicos no pudo venir al DF para tocar con ellos, y presentarnos a uno de los nuestros (mexicano) tocando y formando parte del ensamble de esa noche y presumiendo su talento (orgullo nacional).

Brandt Brauer Frick ejemplifican cómo la música «electrónica» puede estar hecha por capas contrastantes y complejas. Con la ayuda de estos alemanes, exploramos esas capas llenos de adrenalina en nuestro cuerpo creada por los beats. Me imagino que no fui a la única que le cortaron la noche de una manera anti-climática, y a muchos nos dejaron con ganas de más, pero fue un momento fascinante que no solo levantó el espíritu del festival, pero de todos los que asistimos.









