Joyland
TRUST
Arts & Crafts
90%
Por ROY ROJAS
Frente a nosotros una caja en forma cuadrada, delgada y de color negro (como objeto de película puesto en la trama para desatar el conflicto). No sabemos exactamente qué contiene. Al destaparla lo averiguaremos, pero nos lo pensamos dos veces, pues no tiene título así que damos vuelta y únicamente leemos en la parte de atrás dos palabras TRUST y Joyland. La abrimos, un sonido atmosférico emerge suavemente, una voz aguda pronuncia una frase que poco se entiende y comienza a salir una nube de humo. No nos percatamos que teníamos una caja de pandora. Figuras asexuales sin rostro comienzan a bailar a nuestro alrededor al ritmo del beat duro, los múltiples sintetizadores densos y sonidos industriales de esta nueva entrega de Robert Alfons.
Joyland supone un giro en la propuesta que había entregado en el trabajo anterior, TRST, con Maya Postepski aún (también parte de AUSTRA) en la batería. Ahora el electro oscuro junto con el ritmo intenso invitan al club que ya había intentado musicalizar Alfons. Mucho más cercano al track “Sulk” del álbum debut, lejos de “Chrissy E” y el beat marcado por el golpe de las baquetas y el bajo como punta del ritmo. Cortes como “Are We Arc?” son una aventura nocturna y gélida que genera humo exhalado de los cuerpos intentando calentarse en medio de un frío invernal mientras una gruesa voz canta a nuestro alrededor.
Entre las figuras que nos rodean y bailan en una secuencia similar a un ballet comenzamos a descubrir que una de ellas es el synth-pop: el sonido engendrado en los ochenta y con el que tanto coquetean muchas bandas de esta década, el hijo bastardo que suena a todo y a nada, la canción de estructura comercial envuelta en una manta oscura de sintetizador; otra de ellas es lo industrial: lo que suena a máquinas trabajando, fierros duros, pesados y fríos moviéndose lentamente para armar una pieza, tornillos y cadenas engrasadas debajo de la máquina principal generando ruidos de computadora, golpes duros de martillos en piezas como “Lost Souls/Eelings”; el techno, otra figura, es silueta que se desata en piezas como “Geryon” o “Peer Presure” (dos que ya había compuesto Alfons para su EP Night Music y que firmó con el que sería su verdadero nombre Robert Hiley), baile imparable, porque aunque no queramos la figura nos arrastra a su fiesta.
Hay una más. Es la que se mueve sin detenerse, en direcciones confusas y haciendo piruetas asombrosas: la voz. Amorfa, invisible y opresiva. Un torbellino de tonos desbordando en cada canción. Un eco de la cueva más profunda o un gato creepy maullando temeroso. Grave y aguda al grado de llegar a ver dos figuras cuando realmente es una sola. ¿O es que se desdobla? ¿Se separa y se vuelve a unir? Difícil averiguarlo entre tantas formas y con poca luz.
Al final, cuando “Barely” se apaga lentamente en un gorgoteo grave, todo regresa a su sitio en un zumbido y un destello. La caja se ha cerrado. Nuestro cuerpo tiene la ropa sacudida, marcas de manoseos y besos en el cuello, porque aunque no lo parezca Alfons canta sobre amor, perversiones y pulsiones oscuras. Así que, abramos de nuevo la caja (todos somos adictos a esas sensaciones), dispuestos a bailar… con las luces apagadas.






