Hace dos décadas, Portishead lanzó su influyente álbum debut con el titulo de Dummy y, a lo largo de todos estos años, ha ido adquiriendo un valor muy importante con el nacimiento de nuevos proyectos que han adoptado el cautivante estilo de la banda, aunque el toque que le da Beth Gibbons al delicado espíritu del álbum es algo que jamás podrá ser comparado con nada.
Dummy es un álbum que resulta muy importante por múltiples razones, pero la principal es porque es uno de esos materiales que fueron publicados en el momento indicado. Justo cuando en Estados Unidos todavía seguía flotando en el aire la nostalgia que dejó la muerte de Kurt Cobain y el nacimiento de bandas que trataban de emular su legado, en Inglaterra se iba cosechando un atractivo nicho de actos bastante jóvenes que quisieron crear una cierta ‘revolución’ con el pop que se hacía en su país. Obviamente por ahí se encontraba Blur, Oasis y Pulp; sin embargo, ahí mismo también comenzó a crearse un pequeño circulo de artistas que estaban viendo un poco más allá de sus posibilidades para no limitarse al uso convencional de sus instrumentos.
La esencia natural de la música electrónica que se estaba viendo perturbada por el techno y algunas otras cosas que solían encontrarse en clubes nocturnos con las drogas del momento, fueron encontrándose con un oscuro panorama que terminó por absorber el impulso natural del género para someterlo a sus propios deseos, en donde se fue nutriendo de más estilos para darle vida a un sonido único y, que a la fecha, sigue siendo un punto muy importante de partida para la oleada de artistas nuevos que hemos estado escuchando en la actualidad como FKA Twigs.
Massive Attack es uno de los nombres más obvios dentro de este universo que se desprendió de la música electrónica con un enfoque político y social. Pero dentro de todo esto, Portishead también arribó a este mundo con un álbum que con el paso de los años ha ido adquiriendo una mayor importancia por el impacto que ha tenido en los oídos que se han encontrado con él. La nostalgia que se vivía en Norteamérica por el suicidio del exponente más grande del fenómeno del grunge, no era el tipo de nostalgia que emanaba de la voz de Beth Gibbons a lo largo de Dummy; esa sensación era algo más y a la fecha sigue teniendo un poder indescifrable que tiene la capacidad de tocar hasta el corazón más fuerte que exista en la faz de la tierra.
Su voz, junto con la intrigante instrumentación de Geoff Barrow, Adrian Utley y Dave McDonald dieron como resultado un ensamble sonoro único. No había nada parecido en ese entonces, con todo y que muchas personas puedan citar la sensualidad de Sade o de alguna otra figura pop de los años 80 que se fue refugiando en las sombras. No, lo que hizo Portishead en Dummy es algo que sólo puede ser descrito como trascendental; no importa el tipo de música que ustedes escuchen, al menos una pieza de este material terminará por tocar su alma para hacerlos suspirar como «It Could Be Sweet» y el inmortal clásico «Roads».
Además, cabe mencionar que la estructura de Dummy cuenta con una fascinante arquitectura que está estrictamente diseñada para que su belleza quede expuesta bajo la luz de la luna, en ese momento en el que dos personas se hacen cómplices de «Wandering Star» en la intimidad de su habitación. Los scratchs de «Strangers» y «Numb» parecían evocar la vieja escuela del hip-hop, pero ese peculiar estilo fue transportado por Portishead a un lugar nunca antes explorado, por lo cual esta producción logró repercutir de forma abismal en todo lo que se comenzó a hacer musicalmente desde ese entonces.
Podríamos decir mil cosas sobre el debut de Portishead pero al final, este álbum habla por sí solo cuando arranca «Sour Times» y la seductora sección rítmica de «Glory Box». No porque se estén cumpliendo 20 años del lanzamiento de Dummy les estamos diciendo todas estas cosas; realmente la banda logró presentarnos un estilo del que se apropiaron desde el primer momento y que en la última década ha estado presente en una enorme cantidad de debuts que, naturalmente, le deben la vida.






