La edición 2026 del Primavera Sound fue de menos a más La primera jornada se puso caótica. La lluvia obligó a cancelar a tres de los actos principales y provocó problemas en los accesos, además de bastante molestia entre los asistentes por una comunicación que no estuvo a la altura. Aun así, dejando de lado estos contratiempos, la primera parte de la jornada ocurrió de buena forma.
Desde muy temprano, la gente se abalanzó al Auditori para ver a Cameron Winter y, después, a Geese, que bajo la lluvia quedaron algo deslucidos y no cumplieron las expectativas. Antes de eso llegó una de las primeras sorpresas del festival con la potencia del electro hip hop de Hypnosis Therapy, llegados desde Corea del Sur. Justo enfrente, Paus se despidió de Barcelona con un directo pujante y lleno de energía.
Mientras tanto, en el Auditori, caroline y Lucrecia Dalt ofrecieron presentaciones impecables que desembocaron en un delicioso concierto de Panda Bear mientras afuera nadie entendía qué pasaba. Ya en el exterior y bajo la suave lluvia, Father John Misty dio toda una cátedra de folk.



Para el segundo día, el sol decidió portarse bien. Sin lluvia, el festival lucía perfecto y así fue prácticamente desde el comienzo. En el Auditori, Anassthasia y mark william lewis demostraron cómo el folk puede ser algo profundamente sensible, preparando el terreno para la perfección de Einstürzende Neubauten y el tremendo golpe en la cara que supuso Merzbow. Lo suyo fue una auténtica explosión que todavía deja secuelas.






Rilo Kiley nos hizo sentir jóvenes indies otra vez, pero fue el ruido el que terminó llevándose la noche. Matmos, con una maestría minimalista impresionante, dio paso a un Rashad Becker tan excelso como inquietante, dejando el escenario listo para el trance hipnótico de Mohammad Reza Mortazavi. Un hilo conductor perfecto. Mientras tanto, afuera, The Cure mostró sus herramientas habituales perfectamente aceitadas, confirmando por qué siguen siendo una referencia.

El último día arrancó con Bestia Bebé mostrando todo su poder y belleza ante un público diverso y mayoritariamente inglés. El Primavera Sound siempre se ha caracterizado tanto por la rareza como por su capacidad para responder a las modas del momento, y en esta ocasión apostó por un pop alternativo muy interesante.
Sudan Archives cautivó con su violín potente y sensual, mientras que Ashnikko llevó al escenario una auténtica locura de pop extremo y exagerado. La belleza de Big Thief preparó el terreno para el ruido intenso y delicado de My Bloody Valentine, que explotó por todo lo alto.






Por su parte, The xx sonó exacto, tal y como viene haciendo durante toda la gira. Para cerrar la jornada, quizá llegó uno de los momentos más memorables del festival. MARINA brilló con un pop pulido, colorido y repleto de canciones bellas que fueron coreadas por una multitud entregada. A veces el pop lo tiene todo.
En contraste, Knocked Loose apareció como una auténtica apisonadora hardcore y protagonizó el mejor mosh de todo el festival. Ya al final, Kneecap hizo lo suyo. Probablemente la banda más abiertamente política de un festival donde la protesta no tuvo demasiado protagonismo, más allá de las necesarias e importantes consignas a favor de Palestina y en contra del genocidio. El directo de los irlandeses fue bestial, divertido y perfecto para despedirse.
Un año más, el Primavera Sound lo ha vuelto a conseguir: un festival capaz de convencer a casi todo el mundo, combinando descubrimiento, emoción y grandes nombres en una propuesta que sigue marcando el camino.











