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COBERTURA

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Bahidorá: el arte de perderse en la naturaleza

Fotos: Carlos Encizo
Por: Julia Reyes

Entre ríos de agua clara, vegetación espesa y senderos que parecen sacados de un sueño tropical, Bahidorá vuelve a confirmar por qué es uno de los encuentros musicales más especiales del país.

Celebrado en Las Estacas, el festival no solo propone una experiencia sonora: convierte a este paraíso natural en un refugio donde la música y el entorno dialogan todo el tiempo. Nadar de día, caminar entre árboles centenarios y terminar bailando bajo las estrellas es parte del ritual que lo distingue de cualquier otro evento masivo.

El ambiente que se respira es de comunidad y escape. Bahidorá funciona como una pausa del ruido cotidiano: un espacio donde el público se mueve con calma entre escenarios, instalaciones artísticas y zonas de descanso integradas a la naturaleza.

No hay prisa; el río y la selva marcan el ritmo. Esa sensación de retiro colectivo transforma cada presentación en algo cercano, incluso cuando los sistemas de sonido hacen vibrar todo el entorno.

El cartel mantiene una visión amplia de la electrónica contemporánea. Figuras como The Blessed Madonna, Four Tet, DJ Seinfeld y Helena Hauff representan distintos enfoques de la música de club: desde house emocional y techno crudo hasta exploraciones más melódicas y experimentales.

A eso se suman proyectos como HVOB, Satoshi Tomiie y Ricardo Villalobos, que amplían la paleta sonora con sets largos, hipnóticos y profundamente bailables.

Esa diversidad define el espíritu del festival: un flujo continuo donde conviven ritmos globales, electrónica de pista y propuestas más arriesgadas, todo enmarcado por un paisaje que invita a desconectarse del exterior.

Bahidorá no se limita a presentar artistas; construye un ecosistema donde naturaleza y sonido se mezclan hasta sentirse como una sola experiencia.

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