Fotos: Laura Villegas
Por Óscar Villanueva
Lo primero que se puede decir del concierto de The Weeknd es que verdaderamente es una saturación visual/auditiva, incluso se llega a momentos en los que no se sabe a dónde voltear a ver de tantas cosas que están sucediendo simultáneamente.
Abel sale con una máscara a la que le brillan los ojos, hay bailarines vestidos con máscaras y togas que remiten a una dualidad de la fiesta orgiástica de Ojos Bien Cerrados (ejem ejem fidelio) así como a las que usan las mujeres en el The Handmaid’s Tale.
Espera, hay un escenario en forma de cruz con un figura claramente inspirado en los dibujos de pin ups robóticos de Hajime Sorayama que termina en una pequeña pirámide, que le permite acercarse a los fans que se sentían más alejados de todo lo demás (a uno bastante suertudo le firmó su vinilo).

Pero mira, a lo largo del escenario aparecen unas ruinas representando su ciudad natal de Toronto y también están las miles de pulseras con luces que brillan por todo el Estadio GNP y múltiples cámaras que intentan abarcarlo todo. Phew, de verdad es una avalancha.
Pero no es una queja. Abel nos vuelve a visitar a casi 3 años de su último concierto, continuando con una versión… ¿Expandida? ¿Complementaria? del After Hours Till Dawn Tour, aquella gira que supuestamente comenzaría en 2020 por el disco After Hours, pero gracias a la pandemia mundial tuvo que posponerse un par de veces. Ahora, incluyendo canciones de los discos que ha lanzado desde entonces: Dawn FM y Hurry Up Tomorrow.
No sé qué tanto ha cambiado la gira, salvo por la luna gigante que aparecía por la efigie del robot que ya no está, pero 3 noches en el estadio GNP parece no importarle a toda esta gente, porque claramente quieren disfrutarla nuevamente (o en mi caso, por primera vez).


Durante 2 horas, The Weeknd nos suelta 36 canciones, incluyendo sus colaboraciones con Swedish House Mafia (Moth to a Flame), Gesaffelstein (Lost in the Fire), Metro Boomin (Creepin) y un dueto con su invitada, Anitta (Sao Paulo). Por supuesto, las más coreadas (aunque muchas tuvieron a la gente cantando y saltando) fueron «Can’t Feel my Face», «Moth to Flame» y «Blinding Lights» -es un 10-.
Si usted ya tiene boleto, disfruten los siguientes dos conciertos (y esperemos que Tlaloc contenga su furia como lo hizo en el primero). Si a usted lo invitan, no dude en aprovechar y diga que sí de inmediato. Si usted aún tiene dudas, pero le gustan los éxitos más conocidos de Abel, debería ir porque la verdad se la va pasar bastante bien y si no, al menos saldrá con una de esas pulseras de colores como un bonito recuerdo.








