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COBERTURA

BELLE & SEBASTIAN2026 0513 222627 9930 Santiago Covarrubias OCESA
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Belle & Sebastian: 30 años de belleza en el Teatro Metropólitan

Fotos: Santiago Covarrubias

Por: Óscar Villanueva

«Somos Belle and Sebastian y esta es nuestra primera grabación«

Palabras más, palabras menos, así se presentó Stuart Murdoch al poco de salir al escenario. La razón de su visita (y de el resto de la banda) a nuestro país después de 8 años de ausencia era celebrar el primero de dos discos clave para todos los fans del indie/folk/pop: el Tigermilk la primera noche, y el If You’re Feeling Sinister el dia siguiente. Un sueno hecho realidad para los seguidores de la banda y una oportunidad de oro para oir canciones que tenian mucho que habian dejado de aparecer en los setlists.

El Tigermilk desde su inicio tuvo un aura de misterio, lanzado como resultado de un curso para músicos, impresionó tanto a los organizadores que se imprimieron 1,000 copias en una disquera chiquitita que se volvieron de búsqueda intensa por coleccionistas y fanáticos, sumado a una banda que se rehusaba a salir en materiales promocionales, dar muy pocas entrevistas y conciertos esporádicos.

Canciones que fueron escritas mientras Stuart sufría años de fatiga crónica, encerrado en su casa mientras el resto del mundo seguía con su vida, al tener la oportunidad de compartir las melodías que hasta hace poco habían habitado en su cabeza, armó una colección de músicos que a lo largo de 3 días se fueron conociendo mientras se grababa el disco.

Todo esto nos cuenta Stuart mientras las canciones son tocadas una tras otra, trayéndonos esos recuerdos de descubrirlas, bailarlas con los amigos, cantarlas, pero ahora, tanto tiempos después, algunas de las canciones traen una fuerza y vitalidad extra que nos muestran que en el futuro continuaran extendiéndoselas a nueva generaciones.

Esto mismo pasa con las canciones del segundo disco, Sinister, a la noche siguiente son coreadas, se reencuentran con el yo de pasado y descubrimos que el camino recorrido ha sido largo pero siempre nos acompañaron. Stuart mencionó que ese fue el punto de crearlas, compartir esa belleza que podrían tener con extraños, hacerlas suyas y que el ciclo se repitiera mientras la gente siga oyendo la música.

Después de tocar los respectivos discos. vinieron una mezcla de favoritas y algunas joyas escondidas (se agradece mucho que se hayan incluido canciones del disco verde -«The Boy with the Arab Strap»-) para el deleite y sorpresa, no podia faltar el espacio donde la gente se sube a bailar al escenario y varios afortunados fueron (fuimos) muy felices de sentir tan cerca la música: después del muy caótico martes (muchas gracias lluvia apocalíptica por eso) el concierto y estas canciones fue como sentarse alrededor de una fogata con tus amigos, viéndonos sonreír porque algo mágico acababa de suceder.

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