
Herminio Gutiérrez, Supervisor Musical
Kurt Cobain = Jesse Pinkman, es lo primero que me vino a la mente al empezar a escribir este montón de letras y palabras acerca del aniversario número 20 de ese atormentado ser que bautizaron como Kurt Cobain y que en su necesidad por expresarse creo Nirvana.
Mis años veintes los viví escuchando “Smells Like Teen Spirit” hasta el hartazgo. Era la canción de moda, era la banda de moda, era el “dude” –dirían hoy- que se debía escuchar, venerar y seguir. Si en aquellos años, hubieran existido las redes sociales, los millones de seguidores de Shakira, Lady GaGa, Chabelo y Chespirito juntos hubieran sido minoría ante el arrastre que la banda de Kurt tenía.
No recuerdo un amigo que no hablará del impacto que el Nevermind había tenido en su vida. No había fiesta en que no se tocará, no había antro, pub, venue o como le digan sin que retumbará y todos se volvieran locos, no había viaje sin Nirvana.
Sin duda, el Nevermind es un poderoso álbum. Sin duda, su portada es genial.
Además, el “dude” (espero sonar moderno) era de Seattle, nació guapo, tenía una voz poderosa, manejaba un coqueto look pandroso mugroso y la fama le cagaba. Es decir, el príncipe azul que toda linda modelo espera en su vida.

Recuerdo que yo no tenía ese CD, mis amigos lo ponían tanto, que nunca lo extrañe; sin embargo, recuerdo perfectamente, que su último álbum de estudio In Utero lo compre de inmediato. La portada, con ese hermoso cuerpo femenino con alas, me cautivo.
Por fin, se dejarían de escuchar “Smells Like Teen Spirit”; “Come As You are”; “Polly”; “Lithium” y le daríamos la bienvenida a una fresca y ruda banda sonora. Sorpresa. No fue así. El primer sencillo “All Apologies” no logro impactar tanto y como sucede con las modas, dan paso a otras.
Mis amigos que tanto y tanto habían venerado el Nevermind ahora sólo escuchaban el Blood, Sugar, Sex, Magik de los Red Hot Chili Peppers, digo todo bien, es un disco alucinante, pero, para mí In Utero fue un álbum definitivo en mi vida, gracias a una canción que me hizo respetar y valorar la obra de Nirvana y en especial, la personalidad y obra de Kurt Cobain.
“Rape me, rape my friend, rape me, rape me again”.
La crudeza, la ironía, la franqueza, la conciencia – inconciencia, la lucidez, la provocación que habitaba en la letra de esa canción, me hizo respetar y temer a Kurt. ¿QuÉ clase de demonios pueden habitar en ti cuando eres capaz de dar vida a una obra así? ¿Cuantos músicos de hoy, no venderían su alma al diablo por componer una obra con esa fuerza? La respuesta me llega a manera de puñetazo. ¡NINGUNO! Esta bien, dejo de soñar. Todos quieren componer o producir un “Get Lucky” o “Blurred Lines” y ser parte de la efímera moda verdad Pharrell? En fin.
En 1994, los demonios terminaron por convencer a Kurt de partir y hoy, 20 años después, seguro estoy que el güerito pandroso mugroso de Seattle debe seguir interpretando a sus amigos, esa linda y tierna canción que reza así: “Rape me, rape me my friend”.
Pero la vida en su infinita sabiduría, nos quita y nos da. Ya no tenemos a Kurt Cobain entre nosotros, pero nos ha dado a Jesse Pinkman para que los modelos libres y destructivos sigan ocupando un espacio en nuestros lados más oscuros y retorcidos de nuestro ser que tararean sin cesar “rape me, rape me again Kurt”.





